
Hoy es 31 de diciembre y acaba 2020. A la naturaleza parece no importarle, porque somos los seres humanos los que vivimos obsesionados por el paso del tiempo, y eso se debe a la consciencia. Somos conscientes de ser, de estar, de vivir. O al menos a veces. Somos conscientes de nuestro cuerpo, cuando nos duele. Somos conscientes de las personas, cuando se han ido. Somos conscientes de lo que sentimos, cuando lo hemos perdido. Somos conscientes de las oportunidades desaprovechadas, cuando pasó el momento. Tenemos el don de la consciencia, pero no parece que sepamos aprovecharla.
Para muchos, este año ha sido «nefasto», como dirían los romanos, es decir, un año «para no hacer justicia», para no hacer nada. Un año perdido y un año de pérdidas. Pero para este hombre descalzo se cierra uno de los mejores años de su vida. Me resulta muy difícil encontrar en mi ya dilatada memoria un año más rico y más abundante, más lleno de regalos y de sorpresas en el camino. Sólo puedo mirar al cielo y gritar: ¡Gracias! ¡Tengo tanto que agradecer!
¿Quién no ha sufrido pérdidas, algunas muy dolorosas? ¿Quién no ha sentido en algún momento miedo, incertidumbre o inquietud? ¿Quién no ha cerrado algún capítulo de su vida? En eso consiste vivir. Son las reglas del juego, las cartas que nos tocan en cada mano de la partida. Y ahora, ¿qué vas a hacer con ellas? ¿Cómo vas a jugar a ganar? Pues para, mira, elige y actúa.
Yo me he parado y he mirado. He elegido y he actuado. Y he obtenido unos resultados, algunos de ellos, inesperados. Pero lo importante no es lo que logramos, sino nuestra manera de estar en este mundo durante el tiempo que se nos ha dado. Y, para ello, nada mejor que ser conscientes de nuestro cuerpo, aunque no nos duela; de las personas mientras aún están; de lo que sentimos en cada instante; de la oportunidad que trae cada momento; en definitiva, de sentirnos vivos, para poder convertirnos en el regalo que somos. Por todo ello…
- Gracias por mi esposa, por todo lo que compartimos, por todo lo que me hace aprender de mí mismo, del mundo, de la naturaleza humana. Por el calor de su piel, y por sus besos.
- Gracias por mi hijo, que me hace presente cada día, y que me enfrenta a la naturaleza inexorable del tiempo. Que me hace asomarme a la cascada ensordecedora del crecimiento, de las dudas y de los despertares. Que me abre la ventana de la inocencia, y que me dice «papá» con un amor inmenso, puro y eterno.
- Gracias por mi familia. Por mis padres, por mis hermanos, mis cuñados, mis sobrinas, mis tíos y primos, una hoguera en invierno, que da calor en medio del frío. Gracias por esos momentos que he saboreado a su lado, por las risas compartidas, los pensamientos, los sueños y las inquietudes.
- Gracias por los amigos, los que llevan conmigo toda la vida, a los que he reencontrado y los que se han incorporado a mi camino a lo largo de este año. Porque los amigos son la familia de elección.
- Gracias por las personas que han muerto y que me regalaron una parte de su vida, porque una parte mínima de la existencia de una persona es un regalo infinito y sagrado. Celebro su vida y espero el reencuentro.
- Gracias por los que han elegido distanciarse de mí, porque han sido el espejo en el que mirarme para aprender de mí mismo y de mis errores. Porque me han demostrado el valor de elegir y de saber cerrar páginas.
- Gracias por el infinito aprendizaje de este año, por mi crecimiento personal y espiritual, por el reencuentro conmigo mismo. Por convertirme en el señor de mi destino, en el capitán de mi alma.
- Gracias porque he tenido la gran oportunidad de abrazar mis más terribles miedos, y darme cuenta de que detrás de un límite siempre hay otro, y otro, y otro… Para descubrir finalmente que el límite lo ponemos nosotros.
- Gracias por el tiempo precioso y consciente que he compartido con tantas personas.
- Gracias por la gran lección de la pandemia, gracias a la cual me siento un hombre libre por dentro, capaz de saborear la infinita de libertad en cada decisión.
- Gracias por las personas con las que trabajo, jóvenes y mayores, por hacerme sentir vivo, por empujarme hacia la excelencia y por hacerme avanzar.
- Gracias por cada brizna de hierba, cada fruto, cada semilla y cada animal que han dado su vida para alimentarme.
- Gracias por mi perro, que me dejó tras quince años de dar todo lo que un animal puede dar sin pedir nada a cambio.
- Gracias por cada montaña, cada lago, cada río que he atravesado.
- Gracias por cada amanecer, cada gota de lluvia, cada estremecimiento por el frío y cada gota de sudor por el calor.
- Gracias por olvidar mis miedos y lanzarme a escribir.
Tenemos un regalo ante nuestros ojos, lleno de oportunidades, que se llama vida. ¿Quién sabe lo que nos deparará el año nuevo? No ha de preocuparnos, porque la pregunta sabia es: ¿qué vamos a hacer con cada día que amanezca? Yo te invito a que tomes consciencia, a que despiertes a cada momento, para que puedas parar, mirar, elegir y actuar, y para ello te invito a que practiques a cada momento los siguientes pasos sencillos:
- Juega a ganar-ganar: que cada decisión conduzca a que tanto tú como la otra persona os beneficiéis.
- Medita cada día: sé consciente de tu presencia simplemente a través de la respiración. Vivirás conectado, confiado y en paz.
- Si tienes que elegir entre tener razón o hacer caso al corazón, haz caso al corazón sin dudarlo.
- Practica el agradeciemiento como una forma de estar en el mundo.
- Sustituye el «no» por el «sí». Sé posibilidad.
- No dejes que el miedo sea el capitán de tu barco.
- Utiliza la imaginación: siente lo que vas a sentir cuando logres un objetivo, recrea la emoción que experimentarás cuando alcances tu sueño.
- Sueña a lo grande: fíjate metas y objetivos aunque sean una locura. Dios hace posible lo imposible, empezando por la propia vida, y nosotros somos un pellizco de esa divinidad, parte activa de esa Inteligencia Universal.
- Practica lo que Robin Sharma llama «la mentalidad del lecho de muerte»: ¿cómo vivirías si hoy fuese tu último día sobre la Tierra?
- No busques la perfección: no existe, es una trampa mental. Sustitúyela por la excelencia, el dar lo mejor de ti mismo en cada acción.
- Sé indulgente contigo: perdona tus errores, y aprende de ellos.
Este nuevo año es un libro en blanco. Escríbelo con plenitud, querido lector, y superará tus expectativas. ¿Qué vas a crear?













