
Cuando pensamos en aves viene siempre a nuestra cabeza la idea de volar. Es su rasgo más característico, ya que no hay otro grupo de seres vivos capaces de igualar sus proezas. Es cierto que no todas las aves vuelan, pero sí la mayor parte de ellas. Y aquellas que no lo hacen descienden de antepasados que sí que lo hicieron, aunque debido a la evolución dejaran de hacerlo.
Para volar, las aves desarrollaron diversas estrategias. Aligeraron su peso abandonando las mandíbulas óseas por picos de queratina, mucho más ligeros, y desarrollaron huesos huecos, mucho más livianos que los de los mamíferos. Pero, sobre todo, desarrollaron plumas. Estas sí que están presentes en todas las aves, voladoras o terrestres, incluso en aquellos casos en que se han llegado a modificar sustancialmente, como es el caso del kiwi.
Las plumas son elementos esenciales en la vida de toda ave, porque cumplen diversas funciones esenciales para la vida. La primera, y más evidente, es que les permiten volar. La segunda, y no menos importante, es que con ellas regulan su temperatura. Muchas veces hemos oído la expresión «sudar como un pollo». Pues bien, los pollos no sudan, ya que carecen de glándulas sudoríparas. La única opción que tienen para bajar su temperatura es abrir el pico y jadear, al igual que hacen los perros. ¿Y cómo conservar el calor cuando hace frío? Pues manteniendo una cámara de aire seco junto a su piel, gracias a la protección aislante de las plumas. Pueden erizarlas, y hacer que el ave parezca una bola (uno de los síntomas de que nuestro canario está enfermo) cuando hace mucho frío. Además, tienen un tratamiento hidrófugo, que las convierte en un impermeable perfecto. Así un ave estará siempre seca y caliente. Y, por último, les permiten comunicarse. De esta manera se pueden distinguir, no sólo las especies, sino, en la mayoría de los casos, el sexo. Todo buen estudioso de las aves sabrá identificarlas por su plumaje. ¡Algunos amigos míos saben decir hasta la edad, en algunos casos!
Las aves conocen de manera innata la importancia de cuidar su plumaje. Un ave posee un número enorme de plumas, y una variedad enorme de ellas, cada tipo con una función determinada. Y todas requieren cuidados. Si tenéis la ocasión de observar a un halcón peregrino en un posadero podéis llegar a aburriros, porque pasan horas acicalando y peinando sus plumas, para tenerlas en perfecto estado.
Es muy característico encontrar desde el verano montones de plumas por todas partes (una gran ocasión, si pensáis coleccionarlas). Y no siempre estarán en los desplumaderos, sino sueltas por todas partes. Estas plumas son un interesante mensaje. Nos dicen dónde descansan, ya que los dormideros se encuentran plagados de ellas. También nos dicen quién es su propietario (aunque para eso hay que ser un experto), por lo que permiten identificar especies presentes en una zona. La razón de esta abundancia de plumas proviene de un ciclo natural, conocido como la muda. La mayor parte de las plumas de un ave son reemplazadas de manera casi simultánea, en verano, una vez acabado el periodo de cría. Es un momento crítico en la vida de estas criaturas, ya que supone un enorme esfuerzo para su organismo, lo que las debilita. Los criadores de canarios deben prestar especial atención a este periodo.

Así que, ya sabéis. Cuando salgáis estos días al campo es momento de prestar atención a esos detalles, e intentar aprender de lo que las plumas nos enseñan acerca de sus propietarios. Con suerte podéis llegar a hacer una interesante colección, u obtener material para confeccionar algún utensilio o adorno. Aprovechad, porque vais a encontrar montones de plumas.

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