
Cierra los ojos y respira profundamente. Inhala por la nariz y deja que el aire llene tus pulmones. Utiliza el diafragma. Haz que la inspiración llene tu cuerpo. Ahora suelta el aire. Repite la operación varias veces, y concéntrate sólo en tu respiración. Siente el aire entrando y saliendo, y toma consciencia de que eres un ser vivo, que palpita, que vibra de pura energía.
Este ejercicio sencillo pero poderoso es la base de la meditación, y abre la puerta a nuestro propio ser. Eso que sientes cuando respiras de forma consciente, esa presencia, eres tú. Tú. Así de sencillo y así de hermoso. Eso es lo que Dios (si quieres llamarlo así), lo que el Universo, lo que la Fuente, ha traído al mundo. Eres presencia, eres vida, eres un regalo para el mundo y para los demás.
Ese ser que eres está dotado de herramientas que sirven para estar y para relacionarse. Una de ellas es tu cuerpo. Tu parte física está llena de sentidos, que captan información de tu entorno. Capta la luz, la temperatura, el sonido, los olores… y te permite crear un mapa del mundo en el que vives. También te permite interactuar con él. Te permite moverte, tocar, emitir sonidos, manipular objetos, relacionarte con los demás. Es una máquina preciosa y delicada que se te ha dado para que te sirva.
Otra herramienta es la mente. Tenemos un cerebro prodigioso, una verdadera obra maestra del análisis y de la interpretación. Nos mantiene a salvo, nos permite comprender y planificar. Elabora para nosotros palabras, planes e ideas. Es lo que nos ha hecho triunfar como especie. Y esa joya también está a tu servicio.
Pero tú no eres ni tu cuerpo ni tu mente. Tú eres eso que respira y que palpita. Eres esa presencia que encierra un pellizco de lo divino. Y eso que tú eres habla a través de las emociones. Las emociones no se pueden explicar, pero sí se pueden sentir. Si aprendes a escucharlas, si atiendes a ellas, las encontrarás en la garganta, en la boca del estómago, en el vientre. Son como un destello de magia que se refleja en tu cuerpo y que se vincula a la intuición, y por eso son importantes.
El poder de las emociones está en que conectan con nuestro verdadero ser, con nuestra esencia. Conocerlas y experimentarlas es abrir una puerta directa con nuestro interior, sin que actúe de intermediario la mente, y esa sintonía puede hacer posible lo imposible. ¿Qué sientes cuando nace dentro de ti un proyecto? ¿Qué sientes cuando conectas con una persona? Esa sacudida es una bengala que avisa al Universo, y el Universo conspira para que aquello que sueñas se haga verdad. De la emoción nace la idea, y de la idea viene la acción que te va a conducir hacia lo que te propongas. Observa que la emoción es el motor para que mente y cuerpo trabajen para ti.
Por eso te propongo que hoy mismo respires varias veces, conectes contigo mismo y sientas en tu cuerpo la emoción que te produce ese sueño que albergas dentro de ti. Si estás preparado para la magia, vístete de intención, da un primer paso, bájale el volumen al miedo y deja que suceda eso que te va a llevar a estar donde tú deseas.


Fantástico, muy sentido,valgo que viene desde adentro….
Me encanta leerte , muy inspirador. Graciasssss
Hay cosas que salen de la cabeza, pero las que son «otra cosa» nacen del corazón, de la intuición y de las emociones. Muchas gracias, Erika.
Me ha parecido un texto precioso y muy inspirador. Gracias por recordarme que lo esencial lo llevamos dentro. Un beso guapo
Lo que somos, nuestra esencia, no puede desaparecer, aunque a veces lleguemos a olvidarla. Gracias por reconocerte a ti misma.