
Mi abuelo solía decirme: «el que dice el tiempo es oro lo convierte en calderilla«. Yo le replicaba que no lo entendía, y él me apuntaba que algún día llegaría a comprenderlo. Ahora veo que tenía razón. Emplear el tiempo sólo para ganar dinero probablemente sea una manera poco inteligente de usarlo, porque no tiene sentido reducir lo más valioso que tenemos a un mero factor productivo. Cuando vas creciendo la palabra «tiempo» llega a producir vértigo. Tiempo… Es nuestro gran regalo. Desde un punto de vista compartido por muchos místicos y por la mayor parte de las religiones nuestro paso por este mundo es un viaje temporal antes de reintegrarnos a ese campo del cual todos procedemos. Es un viaje sin paradas, sin descansos ni apeaderos. No hay asidero al que aferrarse, hasta tal punto que el tiempo parece un puñado de arena que se escapa de entre los dedos sin que podamos retenerlo.
Me gusta la idea del tiempo como un regalo valioso que se va desgastando de forma inexorable. No importa en qué lo emplees, lo cierto es que tarde o temprano termina por agotarse. Por ello es importante hacerse la siguiente pregunta: ¿Cómo quieres emplear el tiempo? ¿Qué vas a hacer con el que se te ha dado? Un regalo bonito es algo de lo que deberíamos disfrutar al máximo, y probablemente la clave para disfrutar de una vida plena es saber sacar el máximo provecho de cada instante. Tal vez para unas personas esto signifique hacer muchas cosas, y para otras sea hacer cosas mejores. Sea cual sea tu elección, lo cierto es que es muy importante aprender a gestionar el tiempo.
Durante las etapas de mi vida de mayor agitación he buscado hacer muchas cosas. Para mí la gestión del tiempo era sinónimo de productividad. Recientemente busco vivir con plenitud, haciendo cosas que considero importantes y trascendentes. Pero, en todo caso, para alcanzar cualquiera de las dos metas siempre se requiere ser muy consciente del paso del tiempo y, sobre todo, aprender a gestionarlo.
Alguna vez alguien me ha dicho que soy un mago del tiempo por todo lo que soy capaz de hacer. Pero no es una cuestión de magia, sino más bien una mezcla de consciencia y de sentido común. Lo cierto es que el día tiene 24 horas para todos, y cada una de ellas contiene los mismos 60 minutos. Entonces… ¿por qué una personas son capaces de hacer tanto y otras aseguran que el tiempo se les escapa sin llegar a ninguna parte?
En primer lugar te invito a que identifiques lo que se conoce como «ladrones de tiempo». Un ladrón de tiempo es todo aquello en lo que empleamos nuestros minutos sin que de ello salga nada de provecho. Se me ocurren muchos ejemplos de ladrones que, en mi caso, han hecho estragos: contemplar la barra de descarga de un ordenador, mirar una y otra vez la mensajería del móvil esperando un nuevo mensaje, reproducir vídeos uno tras otro con imágenes hipnóticas, etc. Muchos de estos ladrones están muy vinculados a las tecnologías, lo cual responde a la capacidad adictiva de las pantallas por la inmediatez que producen las recompensas digitales en nuestro cerebro. Son una trampa mortal, que llega a generar verdadera adicción.
Pero existe otro grupo de trampas que podemos llamar tradicionales. Una de ellas es la procrastinación. Procrastinar significa retrasar el inicio de una actividad que tenemos que hacer, pero que no nos atrae: estudiar, planchar, limpiar el hogar… Son todas ocupaciones imprescindibles, pero que generan una terrible sensación de pereza, que invita a contemplar con hastío su inicio, por lo que buscamos mil excusas para retrasarlo, a cual menos sólida. Nos autoengañamos con actividades alternativas que justifiquen nuestra pereza, que a veces llegan a ocupar incluso días.
Otra de estas trampas clásicas es el miedo: cuando tememos hacer algo somos capaces de dar mil vueltas a nuestro propósito, entrando en el bucle del autosabotaje. Llegamos a engañarnos con pensamientos negativos encadenados del tipo: «luego empiezo», «no soy capaz», «tampoco vale la pena», «de todas maneras no voy a poder terminarlo hoy»… para retrasar aquello que queremos hacer. En todo este proceso de autosabotaje podemos emplear periodos de tiempo asombrosamente dilatados.
Junto a los ladrones de tiempo suele coexistir una importante falta de claridad. De hecho, las personas que conozco más constantes y que más se acercan a sus objetivos son aquellas que saben lo que quieren. No siempre es fácil establecer una meta, algo que realmente valga la pena para nosotros. Yo mismo padezco de una deplorable sobreabundancia de proyectos que, mal gestionados, me han hecho comenzar muchas cosas y terminar pocas. El antídoto a esta dolencia es elevar nuestro nivel de conciencia para descubrir cuáles son aquellas cosas a las que realmente nos interesa enfocarnos. Debes explorar tus pasiones y escuchar esa llamada que se llama vocación. Como dice Robin Sharma: «el propósito de la vida es una vida con propósito«. Todos estamos en este mundo para algo, todos traemos un regalo. ¿Cuál es el tuyo? Tal vez la única manera de descubrirlo sea lanzarte a hacer cosas.
Vivir una vida plena y abundante me parece uno de los pilares del desarrollo personal, porque se trata del camino de la autorrealización. Para ello te dejo aquí una serie de consejos que te permitirán optimizar tu tiempo, para emplearlo en la dirección más adecuada para ti:
- Evita la procrastinación. Cuando tengas que hacer algo enojoso piensa que cuanto antes comiences, antes terminarás. No tiene sentido retrasar lo inevitable. A veces lo hacemos de manera inconsciente, por lo que puede bastar con darnos cuenta de que lo estamos haciendo para poder elegir actuar de otra manera.
- Sustituye los reproches hacia ti mismo por otro tipo de mensajes. Háblate y dite que eres aquello que quieres ser en positivo, o incluso regáñate con cariño: «Claro que eres capaz», «si tú sabes hacer magia con el tiempo», «claro que puedes», «anda, déjate ya de tonterías y ponte a hacerlo»…
- Cuando estés en un estado de bloqueo, da un paso, simbólico o real. Ponte en pie, da un paso físicamente, abre el libro… Estarás enviando un mensaje de actividad a todo tu ser. Recuerda que cuando movemos el cuerpo, la mente o el alma, todo lo demás se mueve también, porque somos un todo.
- Planifica y organiza tu tiempo. Una lista de actividades permite saber de una manera tangible qué tenemos por delante, y qué hemos hecho ya. La matriz de lo importante y lo urgente es un recurso muy útil para establecer prioridades.
- Diferencia entre una herramienta y una actividad. Si quieres escribir y el ordenador se bloquea y te hace perder el tiempo, descártalo, busca otra forma de escribir, porque si no tu actividad pasará a ser arreglar el ordenador. Si una herramienta te secuestra… ¡desazte de ella!
- Asigna un tiempo a cada actividad, sobre todo si esa actividad no te acerca a tu objetivo. Por ejemplo, ver series o jugar a un videojuego no está mal para evadirse de vez en cuando, pero son actividades que pueden llegar a absorbernos. Por ello, imponte un límite de tiempo o de capítulos. Ponte una alarma o un temporizador.
- Asigna un momento para cada cosa. Busca el mejor momento para cada actividad, y contémplalo como algo sagrado para ti. Respeta esa decisión que has tomado y hónrate a ti mismo cumpliendo tus horarios.
- Fíjate objetivos a largo, medio, corto y muy corto plazo. La suma de objetivos pequeños conduce a alcanzar objetivos mayores. Un 1% al día lleva al 100% al cabo de 100 días. No te detengas hasta haber alcanzado ese objetivo pequeño que te has propuesto.
- Abandona la autocompasión: «es que estoy agotado», «tengo mucho agobio», «estoy hasta arriba»… Ni te imaginas la de energía y tiempo que desperdiciamos recreándonos en este tipo de mensajes.
- Mantente ocupado: paradójicamente, mientras más hacemos más somos capaces de hacer. Igual que la pereza genera y alimenta un círculo negativo de pereza, la actividad genera y alimenta un círculo positivo de actividad.
Todos estos trucos sencillos te permitirán crear una rutina que te ayudará a acercarte a tus metas. Las cosas importantes en la vida son relativas: lo que para una persona es una banalidad para otra puede ser muy importante. Sólo tú eres juez de lo que realmente te importa. Por ello debes descubrir tu propósito y dar todos los pasos necesarios para ponerte en camino. Tal vez la clave no sea llegar a una meta ni conseguir algo concreto, sino vivir de una determinada manera, y dedicarte a hacer aquello que te llena. Si aprendes a administrar tu tiempo probablemente llegues a vivir conforme a tu propósito, y no se me ocurre una manera más rica de vivir.

















