
Creo que, para casi todo el mundo, la generosidad es una virtud, y por ello solemos aleccionar a los niños con expresiones como «tienes que ser generoso», «no seas egoísta» o, el más benévolo, «compartir es ser feliz». Para casi todos, tener y no dar al que lo necesita está mal, un principio fundamental en casi todas las religiones y culturas (sería aventurado decir que en todas, pero casi me atrevería). Para mí también es una virtud que merece ser cultivada, pero… ¿Por qué? ¿Qué hace de la generosidad un aspecto importante al que prestar atención?
Para empezar, me gustaría reflexionar acerca de lo que significa ser generoso, ya que, a menudo, solemos reducir el concepto a una parte de su dimensión material. En ese sentido, ser generoso significa saber desprenderse libremente de lo que es tuyo en beneficio de alguien. De esta manera beneficiamos a otra persona sin que medie un intercambio entre ambos. Es obvio que alguien que vende algo no ejercita su generosidad cuando se limita a cumplir el pacto establecido, pero sí lo hace si añade de manera graciosa (no es lo mismo que divertida) algo más (mayor cantidad o alguna cosa adicional). De manera que podemos ser generosos también en el ejercicio de nuestras responsabilidades laborales. Pero hace mucho tiempo que descubrí que la generosidad es un ejercicio de ida y vuelta, es decir, que la practica tanto quien da como quien recibe. Saber recibir con agradecimiento también es una actitud generosa, porque reconoce el valor de lo que se recibe y la virtud del que da, y así permite al otro crecer y convertirse en una mejor versión de sí mismo. Pero aún hay más, y es el entregar lo más valioso de lo que disponemos: el tiempo. Se trata de un recurso extremadamente limitado y precioso, porque es irrecuperable. Tal vez, si fuesemos conscientes de ello con más frecuencia evitaríamos malgastarlo, aunque eso es tema que podemos tratar en otro momento. En definitiva, siente el agradecimiento más profundo por quien te regala su atención y su tiempo, y más si se trata de tiempo de calidad.
La clave de la generosidad no está en lo que se entrega, sino en lo que se espera recibir: nada a cambio, más allá de la satisfacción personal. Cuando somos falsamente generosos es cuando actuamos a cambio de una contraprestación, aun cuando muchas veces ni siquiera somos conscientes de ello. Estamos convencidos de nuestro altruismo, pero nos engañamos, y es cuando descubrimos frustración dentro de nosotros; creemos haber ganado algo cuando hacemos un regalo o un favor, y al no recibirlo y experimentar despecho nos sentimos estafados. Realmente el engaño ha partido de nosotros mismos. La cura de este mal es la misma esencia de la generosidad: el desapego.
Ser generoso te hace libre, porque das sin esperar nada: te liberas del apego. Existe un sinónimo de generoso en español, que hoy en día se encuentra en desuso, y es «liberal». Liberal es el que actúa con liberalidad, con generosidad, y liberal viene de liber, que significa libre en latín. Pocas cosas me parecen más liberadoras que la verdadera generosidad. Quien ofrece de esta manera sus bienes o su tiempo ha de hacerlo desde la libertad más absoluta, y además queda libre de esperar algo que no tiene que darse necesariamente, y quien es generoso recibiendo se ve libre también de la obligación de devolver. Pero, por otro, lado siente predisposición a practicar la generosidad. Por ello, cuando obramos desde la generosidad los frutos se multiplican. Me viene al corazón que la práctica de la generosidad es la máxima expresión de abundancia, con el añadido de que está literalmente al alcance de cualquiera, no importa cuáles sean sus circunstancias personales.
Por todo ello, después de esta breve reflexión, puedo concluir que la generosidad, más que una virtud (que lo es) es un regalo para quien se permite ser generoso de verdad dando o recibiendo. Permite expresar abundancia y libertad, y nos eleva. Es la máxima expresión de humanidad. ¿Vas a disfrutar del verdadero privilegio de dar? ¿Vas a engrandecer a quien te ofrece algo? Nunca algo tan grande y valioso ha costado tan poco.

















