
La sabiduría popular recoge una sentencia que dice: «Dime con quién andas y te diré quién eres«. Puesto en boca de nuestros mayores parece aconsejar que cuides tus compañías para evitar señalarte de una determinada manera. Por otro lado, también nos pone en alerta sobre eso que llamamos «malas compañías». Pero también podemos verlo desde una perspectiva más en línea con la espiritualidad o con el desarrollo personal, a través de la «ley de la atracción».
La ley de la atracción explica que atraemos a nuestras vidas a determinadas personas o a determinadas situaciones, y por qué tendemos a repetir patrones en nuestras relaciones, sean estas del tipo que sean. Para mí la explicación puede venir de entender el Universo como un campo de energía que se manifiesta de muchas maneras diferentes. Esa energía es vibración, y la forma en la que esa vibración se produce hace que la encontremos a través de expresiones diferentes (objetos, pensamientos, emociones…). Al fin y al cabo, todo es energía, aunque expresada o percibida de manera diferente. Sobre este aspecto se ha centrado en buena medida la obra del Dr. Dyer, que exploró la intención como un campo infinito de posibilidades al que podemos acceder cuando nos sincronizamos con él. Y sincronizarse no es, ni más ni menos, que vibrar de una manera armónica, acompasando el tiempo (cronos) requerido para la oscilación.
No soy, ni mucho menos, un gran conocedor de la mecánica cuántica, aunque lo que he leído acerca de ella viene a confirmar estas teorías. Para ella, la materia no se basa en la existencia de átomos, sino en partículas subatómicas, mucho más pequeñas, los quantos, de los que existen diferentes tipos (uno de ellos son los fotones, que constituyen la luz). Su comportamiento es vibracional, es decir, no son partículas de materia, sino formas de energía, de vibración, que solo adoptan naturaleza material cuando interactúan con otras, o con un observador. Por ello la naturaleza de los quantos no es material, sino energética, por lo que cada quanto es en sí un campo de posibilidades, es vibración. Por lo tanto, esa sincronicidad es tan posible en el universo que, de hecho (al menos para mí), explica cómo funciona a nivel de relaciones entre nosotros mismos y con todo lo que nos rodea, incluyendo las personas.
Si yo vibro de una manera determinada, atraeré a mi realidad a personas o realidades afines a mí, sincronizadas conmigo. Es por eso que, a lo largo de nuestra vida, vamos tejiendo una red de relaciones de personas compatibles con nosotros. Y creo que no tiene que ver con la psicología, puesto que dos personas absolutamente diferentes, incluso opuestas, pueden llegar a tener un grado de complicidad y de conexión difíciles de explicar, simplemente, por la mera compatibilidad de caracteres. Supongo que todos hemos vivido la magia de conectar de inmediato con una persona a la que no conocíamos, haciéndolo además de una manera profunda y fácil, como si lleváramos con ella toda la vida.
Aunque no puedo asegurar que mi explicación sea la verdadera, sí puedo basarme en la experiencia para afirmar que las personas nos atraemos entre nosotras, pero de manera selectiva, es decir, no todos atraemos a todos ni nos vemos atraídos por todos. Por eso, conocer al tipo de personas que acuden a nuestras vidas, y con las que establecemos vínculos profundos, sinceros y auténticos, nos aporta la mejor de las informaciones acerca de nosotros mismos. Si quieres conocerte, fíjate en quienes te rodean. Pero no en quienes están ahí circunstancialmente, sino en esas personas con las que tu relación es más verdadera. Es cierto que los demás son nuestro espejo: si algo te molesta en otro, si te rechina… háztelo mirar, porque eso mismo forma parte de ti. Esto se cumple en propios y ajenos, da igual si se trata de alguien a quien acabas de conocer o que simplemente pasaba por allí. Pero las personas con las que construimos relaciones sólidas y duraderas son el retrato más perfecto de nosotros mismos.
A estas personas próximas de nuestro círculo más íntimo son a quienes podemos llamar nuestros espejos, porque nos devuelven el reflejo de nuestra forma de vibrar. Se trata de esos seres con los que todo resulta fácil, con los que la vida fluye… o no. Porque hay veces que el reflejo es áspero. ¿Qué sucede cuando es fácil vivir conflictos con las personas más allegadas? Probablemente, nuestra naturaleza sea conflictiva. De igual manera sucede con la predisposición a la generosidad, al entendimiento, a la tendencia de la búsqueda de lo trascendente. Las personas activas se atraen entre sí, al igual que «los hierbas», los materialistas o los amantes de según qué actividades. Al final son las personas que comparten una ecualización las que mejor conectan entre sí.
Por eso, cuando te platees que por qué estás rodeado de personas maravillosas, y sientas esa explosión de agradecimiento, podrías considerar que son un reflejo de ti, y que tú seas probablemente una persona también maravillosa. Es difícil hablarnos bien a nosotros mismos, y reconocer nuestra valía. Puede ser pudor, la creencia de no ser suficientes, falta de autoreconocimiento o una falsa creencia de que es ególatra el mirarnos con buenos ojos. Pero el servicio más valioso que nos hacen nuestros amigos es, sin darse cuenta, el hacer de reflejo de nuestra esencia más pura. Yo he sido bendecido por un círculo de personas excepcionales en todos los ámbitos de mi vida, y por las que doy gracias cada día y en cada momento. Tal vez yo también sea una persona maravillosa. Así que ahí va mi pregunta: ¿Cómo de increíbles son las personas de tu círculo más cercano? ¿Cuántos seres maravillosos comparten su camino con el tuyo? Tal vez sería un buen momento para disfrutar de ese reflejo amigo que te regalan, y para darte cuenta de quién eres realmente. Conócete, poniendo atención y cariño en los tuyos. ¿Te vas a dar ese permiso?


Maravilloso….muy certero además. Un fuerte abrazo amigo!
Magnífico!!!
Las vibraciones que uno genera dependen muy mucho de tu energía en un determinado momento. Es por eso que, dependiendo el momento vital en que nos encontremos, a la energía que desprendamos en ese momento, atraeremos a nuestro alrededor a un determinado tipo de personas u otro. Pero somos nosotros los emisores de energía. Los que podemos alterar la vibración que emitimos si lo que vemos alrededor no nos gusta o pensamos que puede mejorar.