
Como consecuencia de la Guerra Fría, durante la segunda mitad del siglo XX, existió una sensación generalizada de inquietud ante una posible guerra nuclear y el fin del mundo. Comenzaron a construirse refugios y búnkeres antinucleares, sobre todo en Estados Unidos, y apareció una verdadera fiebre por la preparación ante eventos que pusieran en peligro nuestra propia supervivencia. No en vano, la crisis existencial que apareció tras las dos guerras mundiales que asolaron zonas importantes de nuestro planeta hicieron que el hombre moderno comenzase a desconfiar del avance de la razón, y despertase con fuerza una corriente sentimentalista muy arraigada sobre todo en el mundo occidental. De esta crisis generalizada emanan preocupaciones que se han adueñado de buena parte de la sociedad, relacionadas con el clima, la superviviencia del planeta, la superpoblación, el papel de la inteligencia artificial en un futuro próximo, pandemias y enfermedades, etc. De este estado de angustia, como de todo, se ha desprendido también algo muy positivo, que es una toma de consciencia de que la respuesta a buena parte de nuestras preocupaciones se puede encontrar en un pasado no tan remoto.
Me explico: hasta hace relativamente poco tiempo, las personas era relativamente autosuficientes. Una familia era capaz de producir su alimento, su vestido, sus enseres, sus muebles e incluso sus herramientas, de una manera asequible y eficaz, si bien no muy sofisticada. Esa eficacia daba lugar a un nivel de independencia económica muy alto. A día de hoy «disfrutamos» de la comodidad de no tener que hacer nada, aunque esa comodidad tiene un precio bastante alto: la dependencia económica y material. El dinero siempre ha sido importante, para qué negarlo, pero hoy es sencillamente imprescindible para todo. Valga como ejemplo el agua, que cae del cielo y sin embargo hemos de pagarla; sí, es cierto que existen tratamientos de potabilización e infraestructuras que hay que mantener, pero nunca fue necesario pagar por el agua de manatial que llegaba hasta la fuente del pueblo. Ejemplos de esos hay muchos. La ropa se reparaba, se modificaba o se confeccionaba. Se cocinaba en casa, y sin embargo, ¿qué ha sido de la dieta mediterránea, en vías de extinción en favor de las comidas preparadas? ¿Qué fue del corral y del huerto? Hoy se habla de economía circular como una idea novedosa que fue, durante siglos, la única forma de economía posible.
Traemos aquí todas estas ideas y reflexiones porque la búsqueda de la vida autosuficiente es una verdadera necesidad en el mundo de hoy. Es un grito de libertad, un acto de rebeldía y un ejercicio de fortalecimiento espiritual. Y desde todas esas vertientes siempre he procurado trabajar mis habilidades de autosuficiencia. Y creo que todo el mundo de consciencia despierta debería cultivarla en la medida de lo posible. Un amiga criticaba mi posición, alegando que la autosuficiencia es un acto de egoísmo y que no podemos pretender vivir solos. Nada más lejos de la realidad. Autosuficiencia no es sinónimo de individualismo, sino capacidad de cuidar de uno mismo y, por ende, de los demás, ya que las habilidades adquiridas siempre están a disposición de familia, amigos y vecinos.
Existen determinadas corrientes o tendencias relacionadas entre sí pero que deberíamos delimitar para no incurrir en errores:
- Preparacionismo: entroncado con las ideas apocalípticas, el preparacionismo trabaja la capacidad de una persona para sobrevivir a un desastre en los primeros momentos, «estar preparado» para el momento justo en el que sucede la catástrofe. Los «preppers» suelen esmerarse en tener siempre preparado un equipo mínimo de supervivencia que contemple todos los escenarios posibles (revoluciones, guerras, terremotos, bombas nucleares, invasiones extraterrestres u holocaustos zombis). Sin ironías de ningún tipo, el peor de los escenarios posibles sería una invasión zombi, por lo que si estás preparado para ello estás preparado para cualquier cosa. El gobierno de los Estado Unidos ha llevado a cabo ejercicios en ese sentido, por lo que no me parece descabellado.
- Superviviencia: se plantea la permanencia en el tiempo en situaciones extremas o adversas. Para ello es necesario tener un conjunto de conocimientos y habilidades que te permitan conseguir todo aquello que es básico para no morir en caso de accidente aéreo, naufragio, pérdida en la montaña o en la selva, etc., mientras llega el rescate. Por tanto, el horizonte de la superviviencia es volver a la civilización. Las técnicas de superviviencia pasan por conocer formas de encender fuego, encontrar alimento y agua, protegerse de los elementos, etc., partiendo de la base de que lo más probable es que las herramientas y materiales disponibles sean muy escasos o limitados. Para los que pasamos tanto tiempo en el campo son conocimientos muy útiles y necesarios.
- Bushcraft: es una palabra inglesa que se puede traducir por «arte del bosque». Relacionado con la superviviencia, tiene más que ver con el disfrute de la naturaleza con un equipo mínimo, y recoge un abanico muy amplio de habilidades, muchas de ellas tradicionales, que proporcionan confort en el campo. Entre ellas encontramos la talla de madera, la recolección de frutos y plantas, la construcción de refugios, etc. El practicante del bushcraft sale de casa con un equipo básico que lo acompaña, y que pasa por un cuchillo, útiles de hacer fuego, etc. A mí me encanta y procuro practicarlo con asiduidad.
Pero no nos engañemos: vivimos en un mundo de ciudades. En España, más del 70% de la población vive en núcleos grandes; en Argentina, Chile y Estados Unidos, más del 90%; en México, alrededor del 82%… Somos urbanitas. Vivir en el campo es el sueño de muchos pero no está al alcance de todos, sobre todo porque no estamos dispuestos a abandonar la comodidad de la ciudad, sus servicios, etc. Y sin embargo creo que trabajar la autosuficiencia en el mundo actual no solo es necesario, sino que es posible, incluso viviendo en una gran ciudad. Se puede reconectar con la esencia de la tradición ganando independencia del sistema frío y consumista que lo envuelve todo. Y para ello es necesario tomar la decisión de avanzar en esa vía como elección personal. Para ello no es necesario dejar de ir al supermercado ni fabricar tus propios utensilios, aunque eso sería lo ideal. Se puede llevar a cabo incorporando algunas prácticas sencillas. Cuantas más, mejor, si es que quieres ser una persona autosuficiente. Un mayor nivel de autosuficiencia implica siempre un mayor nivel de independencia económica, de consciencia y de crecimiento personal. Estas prácticas pueden agruparse por ámbitos (alimento, ropa, utensilios, tecnología, transporte y técnicas) y niveles de profundidad (básico, intermedio y avanzado).
En cada uno de estos campos podemos profundizar hasta donde nuestra capacidad y nuestras ganas lo permitan. Partamos de la base de que, si un humano ha sido capaz de hacer algo, yo también puedo si cuento con los conocimientos, los materiales y los útiles necesarios. A nuestro alcance, y con diferentes niveles de dificultad, entre básico y avanzado, tenemos desde cocinar hasta cazar; desde pegar un botón hasta hacerte tu propia ropa; desde cambiar el filtro de un grifo hasta crear un sistema de captación de agua de lluvia; desde revisar la presión de los neumáticos de tu coche hasta desmontar y limpiar el motor de una moto; desde cambiarle las pilas a una linterna hasta montar un ordenador; desde quitar una mancha hasta soldar un componente en un circuito electrónico. Cuanta mayor sea nuestra capacidad de hacer cosas por nosotros mismos, mayor será nuestro nivel de independencia, y esa capacidad dependerá de nuestros conocimientos y habilidades, y del acceso a herramientas y útiles.
A lo largo de las próximas entradas iremos explorando algunos de estos aspectos que nos conducirán hacia una forma de vida más auténtica y satisfactoria. Yo no llego a todo, evidentemente, pero sí a algunas de esas capacidades. Pero sobre todo, y eso es lo más importante, aspiro a incorporar a mi vida cuantas más habilidades de autosuficiencia mejor, en todos los aspectos posibles: alimentación, ropa, mantenimiento y reparación, tecnología… ¿Quieres convertirte en una persona autosuficiente? Empieza hoy mismo.

















