
Uno de los insectos más fascinantes de los que podemos disfrutar en la Península Ibérica es esta fantástica mantis: la empusa pennata. Una verdadera maestra del disfraz, la empusa es un cazador implacable y sumamente efectivo, propio el Mediterráneo occidental.
Resultan difíciles de ver gracias a un camuflaje perfecto. Sus patas largas semejantes a briznas de paja, sus tonos adaptados a la vegetación en la que viven, con un patrón rayado, su tórax estilizado y las protuberancias de su abdomen rompen su silueta. En el extremo de la cabeza, una prolongación hace parecer el conjunto como un palito. Es esta especie de penacho el que le da nombre: «pennata» significa, literalmente, «emplumada». Además, en el macho las antenas parecen grandes plumas. «Empusa» es el nombre de un ser mitológico que guardaba el infierno griego, el Hades, y tenía la cualidad de cambiar de forma, por lo que permanecía invisible. Un nombre a medida. En estado adulto muestran unas alas proporcionalmente largas, que parecen ajenas al conjunto, y que les permiten volar con soltura.
Muy buenas saltadoras, estas mantis complementan su camuflaje con unos movimientos de vaivén suaves, como si hiciera amago de avanzar para luego retroceder, como si el viento meciese la hierba seca. De esa manera pueden acercarse a sus presas favoritas (moscas y pequeñas mariposas) a las que sorprende proyectando como un relámpago sus patas delanteras en forma de pinza espinosa. Verlas en movimiento es un espectáculo asombroso.
Todas las mantis hacen sus puesta en un nido de espuma denominado ooteca («colección de huevos»). Para ello, la hembra segrega un líquido que bate con unos órganos de su abdomen hasta montarlo (como si fuera nata o clara de huevo), que se solidifica, protegiendo a su descendencia en el interior. Las ootecas de empusa son muy características, pequeñas, con la forma de una barca invertida, y es frecuente encontrarlas pegadas en la cara inferior de una roca.
Cuando nacen, emerge una pequeña larva que en el mismo momento rompe la piel para transformarse en una diminuta empusa capaz de cazar por sí misma, y que después de seis mudas se transformará en nuestra fascinante cazadora adulta, después de una aventura de casi un año.
Así que, amigos de la naturaleza, abrid bien los ojos en vuestro próximo paseo, porque a vuestro alrededor es posible que una de estas mantis esté protagonizando un emocionante documental en vivo.

















