
Esta tarde he salido a correr por los caminos que hay cerca de mi casa. Para un naturalista, el ejercicio es una excusa ideal para abrir bien los ojos y descubrir algunos de los innumerables regalos que la naturaleza tiene para nosotros. A veces basta con cambiar el punto de vista para descubrir algo insólito.
Hoy he alzado la vista y he descubierto a una gran rapaz planeando sobre los huertos. No he podido distinguir bien la especie, pero por el tamaño bien podía ser una real o una perdicera. Aunque no lo creáis, incluso en una gran ciudad puede verse sobrevolando a alguna de estas majestuosas aves.
Su vuelo en círculos sosegados me ha hecho caer en la cuenta de que no estaba de paso, sino tal vez buscando a una presa. El atardecer es un momento extraordinario para presenciar lances como los de los cernícalos cazando murciélagos. Al salir de una arboleda he descubierto el objeto de sus atenciones: un dormidero de palomas torzaces.
Muchas de nuestras aves tienden a dormir juntas. Algunas pasan el día en grandes bandadas, como los estorninos. Otras en grupos pequeños como las palomas o los gorriones. Pero casi todas buscan la compañía para dormir. Para ello suelen buscar arboles o bosquetes tupidos para refugiarse entre las hojas. De esta manera, en grupos apretados, sus depredadores no saben exactamente a quién atacar. Además, si uno de los individuos del dormidero detecta un peligro puede alertar a los demas.
¿Cómo podéis localizar dormideros? En primer lugar, observad. Hoy, el vuelo del águila me ha señalado los nogales en los que se congregaban las palomas. El oído es otra arma extraordinaria; los gorriones, sobre todo en las ciudades, suelen buscar árboles tupidos (olmos, almeces, durillos, etc.), en los que al atardecer, sobre todo en invierno, organizan un gran estrépito peleándose por las ramas más apetecibles. Y, en tercer lugar, los rastros. Bajo los dormideros solemos encontrar grandes acumulaciones de excrementos que delatan que el árbol en cuestión es un hotel de cinco estrellas para aves.
Así que, queridos, naturalistas, abrid bien los ojos, aguzad vuestros sentidos y observad bien antes de aparcar el coche bajo un árbol, porque puede que a la mañana siguiente no esté tan limpio como la tarde anterior.














