
El verano siempre ha sido tiempo de cosecha. Se siegan los campos, se recogen los frutos que granaron durante la primavera, se disfrutan las vacaciones… Para que todo vuelva a empezar en septiembre, que es cuando comienza el año agrícola, el curso escolar, la vuelta al trabajo, etc. Para mí, enero sólo marca el inicio del ejercicio fiscal, pero no del año, que despierta de verdad tras el sopor del verano caluroso. Hace una semanas escribí una entrada sobre la oportunidad de convertir las oposiciones en una experiencia de crecimiento personal, y creo que quedaría incompleto si no nos asomamos a la otra cara de la moneda: aprender de la cosecha.
Al final de la película «La princesa prometida» (1987), uno de los protagonistas, el espadachín Íñigo Montoya, logra consumar su venganza, un magno proyecto que había dado sentido a toda su vida. Su éxito le lleva a una reflexión: ¿Qué hacer ahora, después de toda una vida dedicada al único objetivo de matar al asesino de su padre? Siempre me ha llamado la atención esa reflexión, porque se puede aplicar a muchos proyectos de envergadura, porque… ¿Qué hacer ahora, después de toda una vida dedicada a:
- Preparar una oposiciones?
- Montar una empresa?
- Escribir un libro?
- Terminar una carrera?
- Hacer una tesis doctoral?
- Encontrar pareja?
- Tener un hijo?
- Comprar una propiedad?
El final de cualquier camino, ya sea dulce o amargo, siempre implica un adiós. Significa una pérdida y exige una reorientación de nuestros pasos, que le den sentido a cómo queremos vivir a partir de ahora. En cierta manera se puede decir que tiene carácter de duelo, porque obliga a cerrar un capítulo importante en nuestras vidas. No tiene sentido pensar que la vida se para cuando cruzamos una línea de meta, porque a continuación, después de la sonrisa, la lágrima, el suspiro, el abrazo o el brindis, viene todo lo demás. Siempre me ha parecido muy peligrosa la expresión: «fueron felices y comieron perdices», porque tras las perdices vienen el sueño y el despertar, el conflicto y su solución, los nuevos proyectos, la enfermedad y la sanación, los vaivenes de la vida… y finalmente la muerte. Todo sigue. Y es tan importante saber enfrentarse al éxito como saber encajar el fracaso, para evitar una parálisis vital en la que podemos caer y de la que tendremos que buscar la manera de escapar, para continuar con una vida abundante, plena y que siga enriqueciendo a quienes nos rodean.
El final de cualquier camino, ya sea dulce o amargo, siempre implica un adiós.
El Naturalista Descalzo
Soy una persona que, como todos, ha disfrutado de enormes éxitos y de rotundos fracasos, pero sigue muy vivo en mí el firme propósito de seguir afrontando retos y proyectos, por lo que tengo ante mí todas las posibilidades del mundo y todos los riesgos de los que hemos hablado. Por ello, tengo muy claro que debo seguir disfrutando del reto, y que tengo que estar preparado para gestionar mis futuros éxitos y también mis futuros fracasos. ¿Cómo gestionar el éxito de una manera positiva? A continuación propongo algunas claves que pueden ayudar a vivir nuestros logros de una maneraaún más positiva y enriquecedora:
- Celebra el éxito: cuando alcances un objetivo debes experimentar la alegría con plenitud. Siéntela y exprésala. Grita, ríe o llora. Da igual. Busca esas miradas de los desconocidos que te dicen que estás loco. Di con tu mirada y con tu sonrisa a quien te vea que estás satisfecho, y que la vida te sonríe. Pero hazlo de una manera consciente, para que seas capaz de asimilar ese cambio importante. La expresión «todavía no me lo creo» habla de una aceptación que aún no ha llegado, y que es necesaria para sortear la parálisis del éxito.
- Comparte tu logro: las alegrías compartidas son mayores. Cuenta a quienes quieres tu gran noticia, no te la reserves para ti, porque es algo importante que los demás querrán celebrar contigo. Los triunfos de las personas a las que queremos son también nuestros, porque no caminamos solos. Si vivimos y caminamos acompañados, en justicia ese éxito también pertenece en parte a quien ha compartido con nosotros un trecho del camino, por breve que sea.
- Vive el duelo: experimenta también el adiós a una rutina, a unos sentimientos de responsabilidad, a una manera de estar… Algo ha terminado, y hay que decirle adiós para que se vaya en paz. Conozco esa sensación agridulce del «y ahora qué» de Íñigo Montoya, que puede hacer que sintamos que estamos contentos y a la vez un poco tristes. Todas las emociones tienen sentido, y por ello deben ser experimentadas y aceptadas.
- Inspira a los demás: tu triunfo abrirá las puertas a los triunfos de otras personas. Un logro personal es un ejemplo para otros de que también ellos pueden alcanzar su meta. De ahí la importancia de compartirlo, porque es una oportunidad de oro para elevar al otro.
- Mentalidad de la plataforma: la vida no se para tras cruzar una línea de meta. Tras la cinta está el resto el nuestra vida, está todo lo demás. Lo que hemos alcanzado es una plataforma para seguir progresando, para seguir creciendo, y para seguir creando. Imagina tu vida como un videojuego, en el que has subido a una estructura que te permite escalar hasta la siguiente, y así sucesivamente. ¿Se te ocurriría dejar de jugar simplemente cuando has escalado hasta un lugar concreto? Sé que no, así que no dejes de soñar y de seguir fijándote nuevos objetivos.
- Agradece y acepta: es el momento más fácil para trabajar el agradecimiento. Siempre tenemos motivos para vivir agradecidos, pero no siempre es fácil verlos, salvo cuando estamos en época de cosecha. Experimenta esa sensación de gratitud y de felicidad para poder revivirla en tiempos no tan fáciles. Y acepta como un regalo de la vida lo que se te ha dado.
- Quédate a los pies del pedestal: los generales romanos llevaban un esclavo junto a ellos en los desfiles triunfales, tras una guerra victoriosa, con el único propósito de repetirles incesantemente: «recuerda que eres mortal» (memento mori). No eres mejor que antes, ni tampoco más grande que los demás. Tu triunfo es un motivo de alegría más que justificado, pero no te convierte en nada distinto. La humildad engrandece el éxito, contribuye a elevar a los demás, permite trabajar el agradecimiento y da más valor al logro.
Espero que con estos apuntes puedas saborear aún con más intensidad lo que has alcanzado para que te impulse a ti y a quienes te rodean, y que de esa manera siga siendo también una experiencia de crecimiento personal.


Magnífico. Inspirador.
Gracias Joaquín.