Expedición a Skopelos, 2ª parte

Hace algunas semanas, poco antes de que comenzara el mes de mayo, tuve el gran privilegio de conversar con Pino, una persona irrepetible a la que tengo la fortuna de llamar amiga. Se diponía a soltar amarras y a perseguir un sueño: atravesar el Mediterráneo desde Ibiza hasta el norte de Grecia para comenzar allí una nueva vida. Aunque su destino era Tesalónica, bautizó su viaje como «Expedición a Skopelos«. Gracias a la tecnología (AIS) pudimos seguir su periplo en tiempo real a bordo del Stelrac, un velero de regata de 9 metros de eslora, más adecuado para competir que para viajar. Y adquirimos un compromiso: volver a conversar una vez alcanzado su destino. Así ha sido, y aquí traigo nuestra conversación.

Pino Vidal Ibáñez
Patrona del Stelrac
Aparejadora, emprendedora y aventurera
– Pino, háblanos del viaje y de los acontecimientos más destacados de él.
Como en toda aventura, han surgido contratiempos e imprevistos, de esos que nos hacen renunciar al control absoluto y que nos acercan a ese espacio fuera de nuestra zona de confort, que es donde realmente llegamos a conocernos y a superar nuestros límites: averías, mal tiempo o el abandono de uno de los miembros de la tripluación en la primera parte del trayecto (en la misma Mallorca) han demostrado que la planificación previa debe verse complementada por la decisión y el temple.
Ha sido una distancia larga, de unas 1.600 millas (casi 3.000 kilómetros) en un barco de pequeño tamaño, que no está diseñado para viajes largos, sino para hacer regatas. He tenido mucha suerte con el viento, porque siempre es mejor poco que mucho. Y también con el acompañante, Stephan, un capitán muy experimentado, con muy buen talante, y con el que he creado un gran equipo.
Partimos de Ibiza el 3 de mayo. En Mallorca hicimos una breve escala, parando en Andratx y Porto Colom. Abandonamos la isla definitivamente el día 6. Hemos tocado diferentes puertos desde entonces: Porto Teulada (Cerdeña), Cagliari, Palermo, Cabo Orlando y Mesina (Sicilia), Pilos (ya en el Peloponeso, Grecia), Porto Kaglio, Monemvasia, Hidra, Skiros, Skopelos, Nea Skioni y, finalmente, Tesalónica, donde amarramos el día 28.
Al pasar por Cefalú (Sicilia) no pudimos parar porque debíamos evitar el mal tiempo. El Estrecho de Mesina es como un río, tiene una corriente brutal. Hicimos escala en Mesina, pero muy breve, ya que debíamos entrar un día y salir al día siguiente para aprovechar una «ventana» (-un espacio de tiempo favorable-), y al tercer día llegamos a Pilos; de esta manera sorteamos las tormentas. Como en alta mar no hay internet, fui haciendo capturas del windy cada dos horas y así pudimos ir decidiendo. Abrimos al sur, y así conseguimos avanzar. Ya a 40 millas de la costa volvimos a tener internet, y así pudimos preguntar por whatsapp a amigos, que nos dijeron que el tiempo estaba muy mal. En Pilos hicimos un día de descanso después de 48 horas sin dormir. No tuvimos paradas prácticamente.
En el Jónico llevábamos viento de popa (-desde atrás-), y cogimos mucha velocidad, tanto que me costó confiar en el piloto automático. Llegamos a 9,5 nudos, que es una velocidad muy alta para un velero; el barco se escoró (-se inclinó-) y se cayeron todos los platos. Cuando se acelera tanto hay que reducir vela para ir más despacio.
La llegada fue muy emocionante. Por un lado tenía ganas de llegar, pero me daba pena terminar la aventura. Me sentía muy vulnerable, y quien nos dio las amarras en Tesalónica nos dijo en español: «Bienvenidos». Fue muy emotivo, porque me tocó la fibra. No sé cómo llegué: sin luces, con los depósitos de agua rotos… pero llegué. Con incertidubre, pero con mucha ilusión. Les he caído en gracia: que alguien llegue desde tan lejos con un barco regatero pequeño es muy insólito. Y ya es oficial: soy socia del club náutico de Tesalónica.
– Pino, ahora que has alcanzado tu meta y que llevas unas semanas en Grecia, ¿cuál es tu impresión del viaje?
El balance final es muy positivo. Han sido casi 1.600 millas en un barco que no está diseñado para eso, por lo que el reto no estaba tanto en la distancia, sino en el tipo de embarcación para este tipo de travesía. Ha sido un viaje largo en millas y en tiempo. Pero he aprendido mucho, y he tenido mucha suerte. Para mí, un viaje de autoconocimiento, que me ha llevado al límite, a salir de mi zona de confort.
– ¿Y volverías a lanzarte a un viaje así de nuevo?
Sin duda. Ha sido duro, aunque me lo esparaba peor. Cuando salí tenía muchos miedos, por ejemplo en cuanto a la economía. Temía llegar a un puerto italiano y no poder zarpar por el mal tiempo, lo que me habría provocado un agujero serio en el bolsillo. Y sin embargo he tenido una sola avería de solo 150 euros, y eso no es nada en un barco. Al final los miedos son mayores en nuestra cabeza que en la realidad. Estoy muy contenta porque todo ha acabado muy bien, a pesar de los peligros reales que conlleva un viaje de este tipo. Y lo que se arregla con dinero no es problema. Lo peor que te puede pasar, y hablo de riesgos reales, es morir o hundir el barco. Puedes chocar con una ballena, y yo me encontré con una, la vi.
– ¿Hay algo que antes te asustaba y ahora no?
Las millas, la distancia. Antes 50 millas eran un mundo y ahora… ¡Bah! (ríe). Las noches, también. Ahora la noche no me asusta, pero tienes que saber con quién vas. La ignorancia es muy atrevida. Tal vez me paso de prudente, pero donde menos te lo esperas puede pasar algo.
– Tuvisteis que dejar al tercer tripulante. ¿Qué sucedió?
Él tenía mucha ilusión, pero zarpar no es como arrancar un coche. Él no tenía la experiencia que decía tener, y se mareó con olas pequeñas; el mareo supone un riesgo importante para la salud del afectado, y para la integridad de toda la tripulación. El propio Stephan decía: «éste hombre es un peligro; no se va a poder controlar y lo vamos a tener que ingresar por vómitos». Hay que saber en quién confías, y él tenía miedo.
– ¿Y hasta qué punto el miedo es peligroso en una empresa así?
El miedo nos impide actuar adecuadamente en caso de emergencia. El miedo existe, está siempre presente, y nos mantiene alerta, pero no puedes dejar que te haga perder los nervios. Si se rompe el piloto automático, como nos pasó ya en Grecia, el barco salta como un caballo desbocado, y hay que reaccionar en décimas de segundo para dominar la situación. El miedo lo gestionas, te lo comes. Yo lo he sentido dos o tres veces, pero no por eso dejas de hacer lo que debes.
– ¿Cuál ha sido la experiencia más bonita?
Los paisajes, sin duda. Navegar entre islas…
Los animales marinos son un regalo. Las visitas de los delfines… Se ríen de ti; te acompañan un trecho, pero luego aceleran y te pasan, como para dejarte claro que los reyes son ellos. Se esconden y aparecen, y no puedes ni hacerles fotos. Y siempre, antes de desaparecer, hacen una pirueta en grupo, dibujando como una palmera en el aire. Las tortugas… El Jónico estaba lleno de tortugas marinas de todos los tamaños. También tuve un encuentro único: una noche cerca de Mesina estaba la mar en calma, y con poca luna. Vi a estribor (-derecha-) algo que me pareció al principio como una barca de madera, muy pequeña, de esas de pescadores, y de pronto se hundió y desapareció. Pero de repente surgió del mar una enorme cola. Me quedé impresionada. Pensé: «nos vamos a respetar», porque una ballena te puede hundir, ya que es el doble de grande que el barco. Si no la ves y chocas con ella puedes romper la quilla, y el barco se da la vuelta, salvo que consigas cortar los obenques y tumbar el palo a tiempo.
Las experiencias… Cuando me acercaba a Tesalónica llegué a un punto desde el que se ven dos marinas, y yo no sabía cuál era la correcta. Intuitivamente decidí arriesgar y entrar al club náutico, y allí recibí aquella bienvenida en español. Ahora entiendo que fue el poder de la intención; he podido ver muchos de los aprendizajes de nuestro camino de crecimiento personal, como los de Vida Dinámica, aplicados a un montón de situaciones en el viaje.
– ¿Qué le dirías a alguien que quiera hacer algo así?
Yo le diría que lo haga, que no lo dude, pero que debe prepararse bien. Mi viaje no ha sido loco, ni mucho menos. Si no chocas contra nada, si sabes navegar, no tiene que pasar nada. Pero hay que prepararse muy bien y no hacer locuras. Sin preparación no deberías lanzarte a una aventura así, porque morir en el mar es fácil, muy fácil. Yo llevaba lo mínimo en seguridad, pero lo llevaba. El AIS es fundamental para ver y que te vean, sobre todo de noche. Es un dispositivo que permite ver en pantalla qué barcos hay cerca, su tamaño, rumbo, velocidad, distancia de ti… Incluso te avisa en caso de riesgo por colisión. Hay mucha solidaridad en el mar, porque lejos de la costa solo te puede ayudar otro barco, y nos ha sucedido que un velero americano, por ejemplo, se comunique con nosotros solo para que sepamos que está ahí: «Stelrac, estamos en tal posición, por si pasa algo». Incluso nos han llamado por radio otros barcos a 150 millas de Mallorca. La radio nos ha permitido hablar sobre todo con cargueros. Esos contactos son posibles si tienes un sistema que te permita ver y ser visto.
– ¿Cuáles son los siguientes retos?
Ahora tengo que empezar a navegar sola, antes de que acabe el verano. Tengo que salir y enfrentarme a este último miedo. Soy capaz de hacer con pasajeros cosas que sin ellos no me atrevo, así que tengo que cortar esa cuerda, porque realmente yo estoy sola, y quiero vivir esa autonomía. Y además quiero participar en regatas, que son para lo que realmente sirve el Stelrac.
Y así dejamos a Pino, arrancando de nuevo en la vida en un país nuevo del que ya está enamorada y en el que se ha integrado con una facilidad sorprendente. Frente a ella se abren nuevos retos: aprender el idioma, poner en marcha el proyecto técnico que la ha traído aquí, encontrar casa… Pero, ¿qué es eso para quien ha tenido el coraje de vivir la vida como una aventura? Me siento afortunado de tener a Pino en mi vida y aprender de su experiencia que la vida se vive hoy, en este instante, y que para vivirla hay que comprometerse con uno mismo y ser capaz de pagar todos los precios. ¿Qué precios estás tú dispuesto a pagar hoy para vivir la vida que sueñas y que está esperándote justo ahí enfrente?










