
La playa es mucho más que un sitio para tomar el sol, jugar a las palas, reunirse con amigos o relajarse. Para mí es una excelente aula a cielo abierto, una sala de meditación y un laboratorio de vida. De todas las cosas posibles que se pueden hacer junto al mar una de mis favoritas es la pesca, porque reúne todos los ingredientes que hacen de ella una actividad completa, combinando diversión, esfuerzo, observación, imaginación, emoción, paciencia, conexión, serenidad, y un largo etcétera de cosas. Es una actividad que se puede disfrutar a cualquier hora del día o de la noche, solo o en compañía.
Para mí la pesca se ha convertido en una afición que comparto con la familia, y que nos entusiasma de verdad a todos, desde el acuerdo previo de ir junto al mar hasta el festín posterior (si lo hay). La pesca en familia suele desarrollarse siguiendo un ritual establecido, que va mucho más allá de lanzar simplemente la caña. Cuando llegamos al lugar designado comienza la ceremonia de la preparación: elegimos cuidadosamente el emplazamiento de la mesa auxiliar, y sobre ella se colocan las «cajas de arreos» (como las llamamos nosotros). Luego disponemos tres soportes para las cañas clavados en la arena a la distancia adecuada entre sí y próximos al rompeolas, y un cuarto junto a la mesa, que hace las veces de taller. Extendemos las cañas telescópicas, elegimos el aparejo que creemos más adecuado y lo montamos. Cebamos los anzuelos y comenzamos a lanzar. Ya ha comenzado la acción propiamente dicha. Hay ocasiones en que se puede perder el aparejo, o hay que sustituir algún elemento, y sobre la marcha, en el «taller», confeccionamos o reparamos lo que se requiere. Cada uno tiene su papel en el juego, pero los tres pescamos como un equipo. El momento en el que el sedal está tenso se inicia el periodo de espera, si es que estamos pescando «a fondo», pendientes de una inclinación anómala del extremo de la caña, señal de que alguien «ha picado el anzuelo», o simplemente está probando el menú. Hasta aquí, emoción, diversión, conversación, negociación, nerviosismo, etc.
Terminada la ceremonia de los preparativos es cuando comienza el juego interior, para mí la parte espiritual y más interesante de la pesca, cuando esta actividad se transforma en una meditación en movimiento. Es curioso cómo las conversaciones suelen transformarse en largos silencios compartidos. Poco a poco la mente centra su atención en el movimiento sincrónico de la caña con el mar, momento en el que el pensamiento comienza a fluir y surge la oportunidad de observarlo, con una claridad y una nitidez sorprendentes. El momento presente se convierte en la única realidad existente, sin que el pasado o el futuro parezcan importar, y aunque vengan imágenes de cualquiera de esos dos momentos tenemos la oportunidad de mirarlas como si de una película se tratase. El tiempo pierde su cómputo y escapa a la tiranía del reloj, una hora transcurre en apenas unos minutos y son los cambios de luz los heraldos del atardecer o del amanecer.
De repente, un movimiento repentino desata la alarma, y parece que la caña va a quebrarse por una picada. No hay duda de que se está produciendo una lucha submarina, invisible a nuestros ojos pero perceptible al tacto de la caña entre las manos. En ocasiones la presa se suelta, pero otras veces asoma un regalo plateado que se acerca a la arena exhibiendo una explosión de fuerza siempre sorprendente, por pequeño que sea el pez. Todos nos acercamos a ver la captura, incluso algún vecino curioso que te hace sentir orgulloso de la pesca. Celebras el lance como si hubieses encontrado el más valioso de los tesoros, porque es lo que es y lo que significa en ese momento. Luego evalúas la especie y la talla, para devolver el animal al mar o para honrar su vida en la cocina. Y vuelves a la meditación.
Hace dos semanas estábamos disfrutando de un domingo de pesca en familia en una playa junto a un rompeolas, de manera que podíamos practicar distintas modalidades. Observaba a mi hijo sobre unas rocas lanzando una aparejo de flotador con concienzuda perseverancia y absoluta concentración, y tomé consciencia de la lección de vida tan valiosa que es también para los niños el ejercicio de la pesca.
Cuando pescas con niños te das cuenta de cómo se empapan del sentido del verdadero trabajo en equipo. En ocasiones necesitan tu ayuda o tu consejo, pero es sólo en momentos puntuales, porque son ellos quienes lanzan y recogen. No puedes suplantar esa acción, porque se convertirían en simples expectadores. Autonomía acompañada de interdependencia hacen que se sientan parte esencial de un equipo, responsables de él y de un resultado que es el de todos. Responsables también del manejo de un instrumento que entraña cierto peligro para ellos o para otros. Las horas de tiempo compartido y de presencia consciente alimentan el valor de la tribu, de la familia, de compartir tiempo juntos, de crear una historia que contar y que revivir en el futuro. La ilusión de capturar un pez centra a los niños y les enseña el valor de la constancia: es difícil atrapar a un pez en el primer lanzamiento, por lo que hay que insistir, una vez tras otra, sin desfallecer y sin rendirse. El premio de la captura es fruto del tesón y de la paciencia, y a su vez es alimento de la ilusión de una siguiente. Pero también sucede con frecuencia que las horas empleadas no dan sus frutos, y con las manos vacías debes recoger los aparejos. Es ese momento el que trae la última lección valiosa: el regalo de la frustración, esa que puede aparecer mil veces a lo largo de la vida cuando no se da aquello que esperamos, y que hay que saber manejar y de la que hay que estar dispuesto a aprender.
La pesca es para mí una metáfora completa de la vida, y una fuente de descubrimiento de nuestra propia naturaleza. La pesca infructuosa nos trae la oportunidad de mirar hacia adentro y de darnos cuenta de que lo importante de la pesca, como de la vida, no es la cantidad de peces que capturamos, sino el simple hecho de estar pescando. Pescar no es capturar, pescar es simplemente estar dispuestos a recibir un regalo del mar. Vivir no es alcanzar objetivos, es estar dispuestos a recibir aquello que la vida tiene preparado para nosotros.


IMPRESIONANTE!!!!
GRACIAS por el REGALO que eres para el MUNDO!!
🙏♥️
Me encantó!!!
Gracias por mostrarnos al mundo el aceptar el regalo de la frustración!!!
Qué valioso el talento que tenes para trasmitir a tus lectores esa pasión por lo que escribes!
Me emociona siempre cada una de tus palabras. Todo un placer y enseñanza siempre. GRACIAS