
Ya hemos hablado en otras entradas acerca de la meditación, de sus beneficios y de algunas técnicas para practicarla. La forma más habitual de meditar es en una postura de reposo corporal, en la que la relajación física acompaña o facilita el estado mental meditativo que deseamos. En la meditación somos capaces de estar en el presente, conscientes de nuestros propios pensamientos, como expectadores de nosotros mismos. Es lo que en yoga se conoce como Sakshi Bhaba, la conciencia testigo, tal vez la manera más clara de ver que somos algo más que un cuerpo o una mente.
Sin embargo, y traigo de nuevo mi propia experiencia, no siempre es posible meditar de esta manera. En ocasiones, una persona de carácter agitado o nervioso siente (porque así lo cree) que es incapaz de permanecer en estado de quietud. Pero también puede suceder que no encontremos el momento adecuado para meditar por motivos diferentes. No por ello debemos renunciar a los beneficios de detener nuestra mente y ser testigos de nuestros propios pensamientos. Para estos casos existe la posibilidad de la meditación en movimiento.
Meditar en movimiento significa alcanzar ese estado de quietud mental consciente mientras se practica alguna actividad pausada. En algunas culturas, sobre todo en las mal llamas «primitivas», se alcanza un estado de trance a través de la danza. Michael Harner, experto en chamanismo, explica cómo se alcanzan estados alterados de consciencia con este tipo de prácticas, similares a los que experimentan algunos deportistas durante el ejercicio intenso. Esta afirmación permite justificar la posibilidad de meditar en movimiento. Basándonos en la experiencia, todos hemos experimentado en algún momento de nuestra vida el que una actividad relajada nos ha absorbido durante horas, tiempo en el cual han ido sucediéndose los pensamientos según una línea independiente de la actividad realizada.
Hoy traemos algunas propuestas para ejercitar este tipo de práctica de manera intencionada. Todas tienen en común una serie de ingredientes que las hacen útiles para nuestro propósito, por lo que cada cual puede encontrar otras que induzcan a la meditación, aunque es requisito esencial que se lleven a cabo sin urgencia por acabarlas. Las características comunes a los ejercicios de meditación en movimiento son:
- Todas son acciones, es decir, no buscan la quietud del cuerpo.
- Todas se prestan a la práctica tranquila y calmada, en actitud contemplativa. En ese quehacer, los pensamientos pueden ir fluyendo de manera natural.
- Todas, para que sean útiles en nuestro propósito, deben llevarse a cabo en silencio, y mejor en soledad, ya que la conversación nos descentra de nosotros mismos de manera inevitable, porque nos obliga a poner el foco en el interlocutor.
- Es recomendable que se realicen en espacios seguros, tranquilos y cómodos, que no nos obliguen a poner nuestra atención en obstáculos o peligros, y que no exijan un esfuerzo físico explosivo, ya que cada parte de nuestro todo (cuerpo, emociones y pensamientos) está interconectado, y la alteración de cualquiera de ellas afecta a las demás.
- Deben requerir por nuestra parte concentración en lo que hacemos, por lo que contribuyen a centrar la atención.
- Deben tener un cierto carácter repetitivo, que no requiere encontrar soluciones a cada pequeño desafío. En este sentido, se trata de actividades simples.
Así, la lista de actividades para la meditación en movimiento que hoy proponemos pasa por las siguientes:
- Recolectar: se trata de una acción que nos conecta con nuestro ser primitivo, con la vida en la que nos sustentábamos con lo que cazábamos o recogíamos. Un buen ejemplo es la búsqueda de conchas o guijarros en la playa. El paseo tranquilo y cómodo por la arena se combina con la atención visual. Otras formas de recolección no parecen igual de apropiadas por desarrollarse en escenarios más complejos; setas, espárragos, minerales… quedarían excluidos de la lista, en principio.
- Manualidades: dentro de este grupo existe un abanico muy amplio de trabajos manuales más mecánicos y repetitivos, dentro del cual podemos situar el bordado, tejido de lana, trenzado (fibras, cuero, etc.), puzzles y rompecabezas, coloreado de mandalas, etc. Son todas ellas actividades tranquilas, que requieren tiempo y calma, y que inducen a la relajación.
- Trabajo creativo: constituyen otro tipo diferente de actividades manuales, que a diferencia del anterior requieren mayor nivel de concentración y más creatividad. Dibujo y pintura, talla de madera, trabajo del cuero, etc. forman parte de este grupo. Son actividades menos mecánicas, que fomentan la concentración, principalmente.
- Ejercicio mental y corporal: dentro de este grupo se encuadran numerosas prácticas de origen asiático, como son el yoga, chikung, taichi o incluso las catas de las artes marciales. Se trata de ejercicios basados en el movimiento lento, coordinado y consciente, que requieren de un altísimo nivel de presencia y de consciencia, por lo que son a la vez una práctica física y mental. Son, tal vez, la forma más genuina de meditación en movimiento.
- Caminar: la caminata silenciosa es un ejercicio fácil y al mismo tiempo exigente, que siempre despierta el pensamiento y la reflexión. Pero, para cumplir el propósito que hoy traemos, debe practicarse en la naturaleza, buscando el silencio, la lejanía del ajetreo urbano y de sus estímulos visuales. Aun caminando acompañados, es fácil que el caminar se convierta en un ejercicio interior e individual, ya que con mucha frecuencia el silencio acompañado del ritmo de las pisadas se convierte en otro compañero más.
Todas estas propuestas pueden ayudar a incorporar la meditación en nuestra vida cotidiana gracias a su sencillez y asequibilidad, haciendo posible mejorar nuestro nivel de consciencia, nuestra atención y nuestra concentración. Los resultados pueden no ser siempre idénticos a los que se logran durante la meditación estática, pero son igualmente valiosos para quien busca en ellos esa experiencia de quietud mental y de encuentro consigo mismo.
La doctora Nazareth Castellanos, una de las más eminentes neurocientíficas españolas, analiza en una conferencia la influencia entre la postura corporal y la respuesta del cerebro a la misma, y cómo la práctica del chikung estimula la producción de ondas alfa, que como bien explica no se correponden con un estado de relajación, sino de atención. Precisamente la atención a nuestros pensamientos es el objetivo último de la meditación, y mi sentido común me dice que bien podríamos sutituir la práctica del chikung por otras actividades para lograr esa misma respuesta cerebral.


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