
Tengo unos amigos que, como yo, han elegido introducir un perro en sus vidas. Ellos dicen que lo que más les gusta de este animal es que, lejos de humanizarlo, les recuerda su parte animal. A mí me sucede lo mismo: un perro es un vínculo estrecho y cálido con nuestra propia naturaleza. La manera en la que tu perro te mira es una indescriptible caricia desprovista de la mayor parte de las cosas que nos afean a los humanos. Es una mirada que espera pero no exige, que vigila pero no controla, que habla de la dicha de, simplemente, existir en el presente sin sufrir por el pasado ni preocuparse por el futuro.
Casi todos los grandes personajes de la Historia han hablado o escrito sobre los perros, y casi todos han tenido un compañero de cuatro patas especial. El temible Leoncico, un perro de combate de Núñez de Balboa, tenía sueldo de sargento. Balto, del que existe una película de dibujos animados, tiene una estatua en Central Park por su hazaña transportando la vacuna de la difteria en Alaska, a través de más de 1.600 kms. de nieve y hielo, durante una epidemia en 1925. Laika fue el primer astronauta de la historia. Hachiko, una akita, estuvo esperando durante diez años a su amo fallecido hasta que acabó muriendo ella misma en 1935, convirtiéndose en un ejemplo de lealtad. El San Bernardo Barry, en el siglo XIX, rescató en Suiza a más de cuarenta personas perdidas. La lista de héroes perrunos es inagotable, así como las hazañas menos conocidas de las que todos hemos oído hablar.
Y es que yo no entiendo la humanidad sin perros. Sus ladridos en la distancia te avisan de que has llegado a la civilización, y de que allí hay personas. Creo que no hay una sola cultura que carezca de perros. Y es que fue el primer animal en ser domesticado, mucho antes del Neolítico, que se produjo hace unos 12.000 años, y que se caracterizó por la invención de la agricultura y la ganadería. En el Pelolítico, cuando éramos nómadas cazadores y recolectores, fue cuando nuestro camino y el del lobo se encontraron para no volver a separarse. Hay evidencias de perros en la República Checa datados en hace 28.500 años, 36.000 años en Bélgica, 30.000 en Siberia, 15.000 en Alemania… El resultado final es que la proporción es de 7.000 millones de humanos y 1.000 millones de perros.
En enero de 2020 murió mi perro, Galo, un mestizo de siete kilos que me regaló sus quince años de vida sin pedir nada a cambio. No pasa un sólo día sin que recuerde su mirada, cada vez más opaca, y sus ganas inagotables de estar a mi lado. Mis recuerdos entre 2005 y 2020 están unidos a él, y sólo siento agradeciemiento en mi corazón por tan noble ser. Hace menos de una semana ha entrado en mi vida Pipa, una cachorra de bretón de algo más de cuarenta días, que está llamada a ser mi compañera en mil aventuras. No se puede ser un naturalista, y menos descalzo, sin la compañía de un perro que te plante los pies desnudos en la tierra para recordarte cada día que tienes un vínculo ancestral e indisoluble con la naturaleza.
En próximas entregas iré hablando de mis aventuras con Pipa, pero hoy quiero traer una reflexión acerca de lo que yo entiendo que es una relación saludable con un perro. El etólogo austríaco Konrad Lorenz escribió un magnífico ensayo titulado «Cuando el hombre encontró al perro», en el que analiza la relación entre las personas y los perros desde el punto de vista del comportamiento. Otro gran maestro es César Millán, que más allá de un famoso personaje televisivo («el encantador de perros») es un gran maestro en el comportamiento canino, y tiene libros muy interesantes. Las lecturas que he hecho, mis conversaciones con personas muchísimo más expertas y mi propia experiencia me han llevado a las siguientes conclusiones:
- Un perro equilibrado es un perro feliz. La fuente de este equilibrio está en proporcionar a nuestro compañero lo que necesita: liderazgo, afecto y actividad.
- Los perros necesitan seguir a un líder. Debes convertirte en el jefe de su manada, o él deberá asumir el mando (cosa que no les gusta, porque han sido seleccionados para ser sumisos). Decide por él, no dejes que él tome el control.
- Piensa como un perro. Básicamente un perro y un lobo son lo mismo. Su mente obedece al comportamiento de una manada. Si eres capaz de pensar como lo haría un perro podrás adelantarte a él y ser un guía eficaz.
- Un perro es un animal, no un humano. Creo que humanizar a los perros es un error, porque ni son humanos ni quieren ser humanos. Si los privamos de su naturaleza animal podemos estar generando desequilibrios y conflictos. Permítele ser un perro y ocupar su lugar en la familia como miembro no humano de la misma.
- Trátalo con respeto. Ponerle límites y hacer de guía te convierten en el alfa de su manada. No lo maltrates ni lo ridiculices, muestra con él la nobleza que él muestra contigo. Corrige lo que no te guste y premia lo que te agrade.
Uno de mis personajes más admirados, Baden Powell, fundador del movimiento Scout, dice que nadie puede llamarse scout si no ha tenido un perro y ha conseguido educarlo. Yo estoy de acuerdo con él. En estos días estoy reviviendo la aventura de volver ser el líder de una manada. Con mi perra vuelvo, como mis antepasados antes que yo, a sumergirme en la penumbra de lo salvaje para aullar en la noche y vivir el presente de una manera intensa y especial, que sólo los humanos que hemos elegido convertir a un perro en el miembro no humano de la familia sabemos saborear. ¿Te atreves a vivir esta aventura?


