
Si hay algo esencial en el equipo de un naturalista es su mochila. De hecho, me atrevería a decir que si hay algo realmente importante (casi imprescindible) para salir al campo es una mochila. Pero saber elegirla es fundamental para evitar inconvenientes que, en según qué situaciones, pueden llegar a ser un problema.
Para los interesados en la Historia vamos a introducir un dato interesante, y es la antiguedad de este invento. Corría el año 1991 cuando dos montañeros encontraron en los Alpes italianos el cuerpo congelado de un hombre que murió hace más de 5.000 años, y cuyo cuerpo quedó atrapado en un glaciar. Le dieron el nombre de Ötzi, y su hallazgo ha servido para conocer muchas cosas interesantes sobre las fases finales de la Prehistoria, en concreto de la Edad del Cobre, porque con su cuerpo se encontró todo lo que llevaba. Pues bien, entre sus pertenenecias había… una mochila. Con un armazón de madera para darle consistencia a la bolsa de piel de la que estaba hecha, se diferencia de las actuales en los materiales utilizados, no en el concepto. Probablemente sea el ejemplo más antiguo que tenemos de una de ellas.
La mochila es una bolsa preparada para transportar objetos a la espalda. Su utilidad está en que nos permite transportar muchas más cosas de las que podríamos llevar en las manos, dejando éstas libres, de una manera cómoda. De hecho es sorprendente el gran volumen o el considerable peso que somos capaces de transportar utilizando una mochila.
A la hora de elegirla hay que tener varias cosas en cuenta para no equivocarnos. Yo he tenido muchas mochilas a lo largo de mi vida: para el colegio, para ir de acampada, para salir al monte, para trabajar, para viajar, e incluso para transportar a mi hijo. Unas me han resultado muy útiles, y otras un tormento. Para evitar esto último hay que pensar bien antes de elegir. Un consumidor responable siempre piensa bien antes de comprar, para evitar caer en el consumismo. Te invito a hacer las siguientes consideraciones:
- ¿Para qué quiero la mochila? No necesitas lo mismo para hacer una excursión de unas horas que para hacer un viaje de dos semanas. Hay veces que una mochila puede servir para ambas cosas, pero no siempre es así. No hay ningún inconveniente en tener varias mochilas diferentes. Lo importante es utilizarlas, no tenerlas guardadas en el trastero.
- ¿Qué tamaño debe tener? Pues depende de lo que vayas a transportar. Debes elegir en función de lo que necesites. Hay una verdad ineludible: las mochilas se suelen llenar, da igual si son pequeñas o grandes. Si tu mochila es excesivamente grande vas a llevar más cosas de la cuenta, porque caben. Así que plantéate qué sueles llevar contigo. Por otro lado, ten en cuenta que una mochila con cosas colgando por fuera es un infierno: se desequilibra, bambolea, te va golpeando, hace ruido, se engancha, hace daño en la espalda, y es muy fea. Por ello, elige el tamaño adecuado a su fin.
- ¿Debe tener algún tipo de armazón? Absolutamente sí, tanto si es pequeña como si es grande. La estructura le da cierta rigidez, hace que no se deforme, por lo que repartirá el peso y la presión de manera homogénea por toda la espalda. Si probáis una de esas mochilas pequeñas hechas sólo de tela y metéis varios objetos diferentes notaréis cómo esa botella de agua se te va clavando en la espalda. Hoy día los armazones metálicos han sido sustituidos por espumas rígidas o rellenos de espuma densa que dan consistencia sin aportar peso extra. Vuestra espalda os lo agradecerá.
- ¿Cuántos bolsillos quiero? Pues para mí, cuantos más mejor. Muchos bolsillos significan mucho orden. En el campo es muy útil saber dónde está cada cosa y poder acceder a ella sin tener que vaciar la mochila. Yo tengo para mis salidas breves una mochila de asalto que es una gozada por la cantidad de bolsillos y compartimentos que tiene.
- ¿Es bueno que tenga muchas correas? Sin duda, lo es. Las correas de sujeción permiten ajustar la mochila a los hombros, ceñirla al pecho o sujetarla sobre las caderas. Cuando el peso es considerable o debe ser llevado durante mucho tiempo, cuanto mejor se reparta el peso por toda la espalda, mejor. Puede ser también que cuente con correas reductoras, que hacen que el volumen de la mochila se ajuste al contenido, haciéndola más compacta. Si encima tiene sistema molle, su versatilidad ya es máxima.
- ¿Cómo de cómoda debe ser? Pues como un guante. La mochila debe ser todo lo cómoda que se pueda. Si la pruebas y notas que las cintas se clavan en los hombros, que los acolchados no son firmes o que una costura está más alta o más baja de la cuenta, esa mochila no es para ti. Pruébala siempre antes de quedártela, igual que te pruebas el calzado.
- ¿Qué marca es la mejor? A eso no puedo responder. Hay muchas marcas muy buenas. Unas son más conocidas en montaña, otras en el mundo de la caza y el bushcraft, otras en los ambientes militares o de airsoft… Lo importante es fijarse en la calidad de los materiales, que sean resistentes a la abrasión. Otro punto muy importante es observar las costuras y los refuerzos, que es por donde puede morir una mochila, sobre todo en los puntos de máxima presión (cintas de sujeción, anclaje a las hombreras…). Así que os animo a observar muy bien estos detalles.
- ¿Cuánto cuesta una buena mochila? Eso también es muy variable. Yo he comprado mochilas de campo excelentes por 30 euros que llevan a mis espaldas muchísmo tiempo y muchísimas experiencias vividas. Dependerá de la marca, de las especificaciones, de su finalidad y el sitio donde la compréis. Pero no os equivoquéis, más caro no siempre significa mejor.
Hay mucho que hablar sobre las mochilas. Para mí son una seña de identidad. Expresan libertad, espíritu de aventura, austeridad… Cuando puedes vivir durante quince días en el campo únicamente con lo que cabe en tu mochila es cuando descubres dónde reside la verdadera riqueza. Así que os animo a escoger una buena mochila, una que os guste de verdad, y que la llenéis de cosas para salir con ella al campo, que es donde los naturalistas mejor estamos, porque es donde nos encontramos con nosotros mismos.





