
Uno de los elementos más importantes para un naturalista son los prismáticos, también llamados binoculares o gemelos (aunque yo prefiero la primera denominación). En el caso de aquellos que, como yo, disfrutamos especialmente de la observación de aves son elementos insustituibles, porque sin ellos resulta imposible en la mayor parte de los casos poder identificar un ave.
Unos prismáticos son un aparato óptico que sirve para ver a mayor tamaño algo que está lejos. Es decir, son magnificadores de la imagen. Básicamente consisten en dos piezas gemelas, articuladas entre sí, que contienen un conjunto de lentes y prismas (de ahí su nombre). Estos prismas permiten acortar sensiblemente el tubo, porque si no serían un instrumento grande, engorroso y menos eficiente (algo así como dos catalejos de pirata unidos). El hecho de que se compongan de dos elementos gemelos les permiten proporcionar una visión estereoscópica, a través de ambos ojos, lo que les confiere una gran comodidad.
Mis primeros prismáticos fueron un regalo de mi padre, cuando tenía ocho años, mis Komz soviéticos de 8×30. A lo largo de mi vida he tenido otros que he ido heredando, y yo sólo he comprado unos. El haber usado varios distintos me ha permitido adquirir experiencia, y saber qué me sirve y qué no me sirve.
La clave para elegir tus prismáticos perfectos reside en tener claro el uso al que los vas a destinar.
El Naturalista Descalzo
¿Cuál es la clave para comprar unos buenos prismáticos? Pues tener claro para qué los vas a usar. Con frecuencia nos dejamos arrastrar por los aumentos que tienen, es decir, la potencia. Ocho aumentos (8x) permiten ver las cosas 8 veces más grandes. Si elijo veinte (20x), pues veré 20 veces más grande. Así que tendemos a sufrir la «fiebre de los aumentos». La cuestión reside en que cada ventaja acarrea un inconveniente. Lo que es bueno en astronomía no lo es en ornitología.
El primer aspecto para mí es la luminosidad. Veréis, cada tubo de los prismáticos tiene dos extremos: uno es el de salida, que es por el que miramos, que va pegado al ojo, y el otro es el de entrada, que es por donde entra la imagen. Si observáis la lente de salida a la distancia a la que se lee un libro veréis un círculo, que corresponde al haz de luz que sale de los prismáticos hacia el interior del ojo. Pues el tamaño de ese círculo depende del tamaño (diámetro) de la lente de entrada, y podemos calcularlo dividiendo el diámetro de la lente entre el número de aumentos. No es complicado, porque todos los prismáticos tienen dos números. Así, unos 8×30 tienen 8 aumentos (la imagen se amplía 8 veces) y un diámetro de la lente de entrada de 30 mm. Si dividimos 30 entre 8 me sale una cifra de 3,75, que es exactamente el diámetro del circulito del que hablábamos; a esto lo llamamos luminosidad. Unos 10×50 amplían más, y son mucho más luminosos (dan 5). Mientras más luminosos son más fácil es adaptar la vista al aparato. Alguna vez he usado prismáticos muy poco luminosos, y cuando he podido adaptar la vista, la rapaz ya se había perdido. Además, unos prismáticos demasiado potentes, si además son suficientemente luminosos, son mucho más grandes, pesados y caros. Y, creedme, no queréis hacer una ruta de 15 kms con un peso descomunal y carísimo en el cuello. Además, cuando queráis mirar al pajarillo de turno, éste ya se habrá ido, porque no son manejables.
Un segundo aspecto importante es la estabilidad. Nuestro cuerpo está en permanente movimiento. Respiramos, nuestros músculos se contraen, nuestro corazón bombea sin parar… Por lo que es imposible permanecer absolutamente quieto, sobre todo en una postura forzada. Pues bien, cuantos más aumentos tienen nuestros prismáticos más difícil es mantener la imagen estable. Los aumentos multiplican el tamaño de la imagen, pero también multiplican la vibración. Tanto que unos prismáticos de más de 20 aumentos no se pueden utilizar sin trípode.
Un tercer aspecto es la calidad de la imagen, y eso depende de la calidad de la óptica. El material utilizado, el tratamiento que recibe, la calidad del ensamblaje… Todo eso hace que unos prismáticos sorprendan o defrauden. A mi me gustan especialmente las ópticas centroeuropeas y japonesas.
Quien compra unos malos prismáticos, paga dos veces por ellos.
El Naturalista Descalzo
Visto todo esto, ¿qué os recomiendo? Pues depende de lo que queráis gastaros. Los hay de muchos precios, pero lo importante es que se adapten a vuestras necesidades y a vuestros bolsillos. Hay infinidad de marcas y de características. Los tope de gama son los Swarowski o los Zeiss, pero sus precios suelen ser privativos (eso sí con unas calidades increíbles). Los hay muy buenos de gama media, más asequibles. Hace no mucho probé unos Nikon que me resultaron increíbles.
Ahora viene el segundo consejo: no compréis cualquier aparato. A lo mejor esto puede parecer consumista, pero no lo es, y veréis el porqué. Unos prismáticos baratos no os van a servir. Suelen ser poco luminosos, por lo que no son efectivos. Y, sobre todo, no son duraderos. Al menor golpe se va a estropear, y unos prismáticos rotos tienen difícil arreglo (a veces, imposible), por lo que os veréis obligados a comprar otros. En todo caso, quien compra unos malos prismáticos, compra dos: los malos y unos buenos después. Una buena opción es comprarlos de segunda mano, pero también os aconsejo que podáis probarlos antes de su compra. Para mí, los ideales son los de 8x, con una luminosidad alta, y poco peso. Yo tengo unos Eschenbach de 8×42, y me encantan. Tienen un relleno de nitrógeno para evitar condensación en su interior, que es estanco, y son muy luminosos (haced el cálculo, 5,25). Además sus óptica es inmejorable. Mis Eschenbach son perfectos para mí por estas tres razones, y su precio es moderado (menos de 150 euros).

Preguntad, investigad y comparad. No hagáis una compra compulsiva, meditadlo bien, porque os van a acompañar casi en cada salida. Cuando tengáis más o menos decidido lo que buscáis, mirad y probad. Que os resulten cómodos al mirar por ellos, es decir, que no resulte difícil ver una misma imagen nítida con los dos oculares.
Si tenéis ilusión, buscad vuestros prismáticos y salid con ellos siempre que podáis, y ya veréis que hay pocas cosas que den tanta satisfacción en el campo. En otra entrada hablaremos de sus cuidados, para que os duren toda la vida.

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