
Cuando hice la primera comunión me compré mi primera bicicleta con el dinerillo que me regalaron. Corría el año 1984. Era una GAC plegable de color azul. Mi hermana mayor se compró junto conmigo una rosa idéntica, y mi padre nos llevaba al parque todas las mañanas en verano. Es indescriptible la sensación de libertad que un niño puede sentir deslizándose sobre el albero suavemente y sin hacer ningún ruido. Todavía puedo sentir el aire reverberando en mis oídos al coger velocidad.
Mucho tiempo después cayó en mis manos una de las primeras bicicletas de montaña, regalo de una editorial de libros. Su calidad era ínfima, tanto que no había repuestos comerciales para ella, y su mantenimiento se basaba en el ingenio y en los favores. ¡Pero tenía velocidades! Con ella aprendí lo básico del mantenimiento de una bici, y descubrí la autonomía que proporciona este gran invento. Llegó un momento en que ya no se pudo reparar más, y me tuve que deshacer de ella. Un día me regaló mi cuñado Elías su vieja bicicleta de carreras, que un amigo transformó en una de esas urbanas de piñón fijo, que todavía circula por las calles de Córdoba. Y finalmente me regaló mi padre su bici de cicloturismo Torrot, a la que le puse un sillín portabebés y utilicé con asiduidad hasta que alguien más necesitado de transporte que yo entró a mi jardín y se la llevó.
Como veréis he tenido varias bicicletas a lo largo de mi vida, gracias a lo cual sé lo que quiero de una de ellas. Después del robo de mi bici estuve varios años sin montura. Mi momento económico no era nada bueno, y yo ya tenía una serie de requerimientos, por lo que debía esperar para poder comprar la bicicleta que mejor se adaptara a lo que yo quería. Cuando mi bache económico comenzó a remitir, decidí que había llegado el momento de regalarme una bicicleta. Ni corto ni perezoso comencé mis pesquisas.
Como buen hombre descalzo tengo mucha confianza en los productos de segunda mano (piezas para el coche, libros, herramientas, útiles para el campo…). Las bicicletas son una máquinas muy asequibles en el mercado de segunda mano, porque con mucha frecuencia son adquiridas para acumular polvo en los trasteros. Así que me enfrento al consumismo y suelo dar una segunda vida a muchos objetos.
Cierto día almorzaba en mi casa con mi amigo López. Unos días antes había llamado por teléfono a Javi, un fanático de las bicicletas de montaña y de la carrera campo a través, pero no conseguí hablar con él. Mientras almorzaba recibí una llamada de Javi. Le expliqué que estaba buscando una bicicleta de montaña de segunda mano, y le pedí que se informara de si algún amigo suyo vendía alguna. Me preguntó acerca de mis requerimientos, y yo se los enumeré: cambio sincronizado, frenos de disco y suspensión delantera. Mi presupuesto: un máximo de 200 euros. Él me dijo que era muy difícil (hay bicicletas que valen miles de euros), pero preguntaría. Cuando nos despedimos se había obrado el milagro (el Universo conspira para que consigamos nuestros propósitos). López me dijo: «¿Quieres una bicicleta de montaña con frenos de disco, suspensión delantera y cambios sincronizados por 50 euros?». «Naturalmente», le respondí. «Pues ven mañana a mi casa, porque la mía no la utilizo». Ya tenía montura. Con ella he hecho muchas rutas, y he llegado a recorrer el País Vasco con mi gran amigo Alberto.

No puedo hacer otra cosa que recomendar que, si no tenéis bici, os hagáis con una. Y, lo más importante, que la uséis. Os doy mis razones:
- El ciclismo es uno de los deportes más sanos y menos agresivos que existen. Es respetuoso con las articulaciones y permite tener una buena forma física.
- En la bicicleta no sólo se trabajan las piernas, sino también brazos y tronco, por lo que ejercita todo nuestro cuerpo.
- Es una forma ideal de recorrer distancias que, a pie, son excesivas, pero a una velocidad que permite conectar con el paisaje casi como yendo a pie.
- Permite transportar de forma sencilla y cómoda una sorprendente cantidad de equipaje.
- No contamina ni emite ruido.
- No requiere combustible, por lo que su autonomía es ilimitada. Eso la convierte en un medio de transporte muy barato.
- Su mantenimiento es bastante sencillo y poco costoso.
Ya os he contado la historia de mi bici. Como veréis en cuestiones de pedales soy, sobre todo, práctico. Para hacer rutas en bici no hace falta una máquina excesivemante cara ni compleja. Os voy a dar algunos consejos para convertiros en ciclistas descalzos capaces de recorrer muchos kilómetros por pistas y caminos. Tal vez los más entendidos no estén de acuerdo con algunas de mis afirmaciones, pero ya sabéis que la filosofía descalza tiene mucho de «hazlo tú mismo».
- Tipo de bicicleta: hay muchos tipos de bici (urbanas, de carretera y de campo). Yo recomiendo las tradicionalmente conocidas como «de montaña» o btt (bicicletas todo terreno) por su versatilidad. Aunque son ideales para caminos, también sirven en carretera y ciudad, aunque no son tan eficientes por sus neumáticos anchos y con tacos. Pero los naturalistas salen al campo, y para eso queremos la bici
- Estructura: el cuadro (armazón principal) ideal es ligero y robusto. Hay quien dice que mi bici es «un hierro» y que pesa mucho. Lo cierto es que no es de carbono, pero tampoco lo necesito. No hacen falta cuadros de descenso articulados y con suspensión, salvo que vayas a practicar descenso. Mi cuadro de aluminio me basta.
- Frenos: mientras más eficientes, mejor. Son el principal sistema de seguridad, así que deben funcionar con pulcritud. Los de disco van de escándalo, y los hay incluso hidráulicos (los míos no lo son), pero hay que utilizarlos con cuidado para no caernos, porque la rueda se queda literalmente bloqueada.
- Sillín: nuestro peso durante mucho tiempo puede hacernos daño en el suelo pélvico y región perianal. Hay sillines específicos para mujeres y para hombres (los sillines prostáticos). Buscad uno bueno, y complementadlo con un buen culotte (vuestro culette os lo agradecerá).
- Velocidades: para mí, con 3 platos y 6 piñones (18 velocidades) hay más que suficiente. Cuantos más platos y piñones, más combinaciones posibles. Eso ya depende de cada uno. La mía tiene 21 velocidades. Los cambios sincronizados hacen el cambio de marcha más cómodo, pero, a mayor complejidad, mayor dificultad para el mantenimiento y el ajuste.
- Ruedas: mi bici monta ruedas de 26. Las hay de 27,5, de 29… Mientras mayor es el diámetro más grande es la rueda y más fácilmente supera obstáculos. En mi opinión, mientras más estandarizado sea el tamaño más fácil es encontrar cámaras y cubiertas. Existen también las ruedas sin cámara, como los coches. Nunca las he probado.
- Complementos: las luces son esenciales, más para ser vistos que para ver. Pero, si vais a hacer una ruta my larga, de varios días, no escatiméis en luces delanteras. Atravesando túneles sin iluminación de varios kilómetros en el País Vasco nos vimos en dificultades por no llevar luces potentes. Otro gran aliado es el timbre, no sólo para prevenir atropellos sino para comunicarte con los compañeros de expedición.
- Equipaje: lo primero que le instalé a mi bici fue un portaequipajes y unas alforjas. Os evitaréis llevar peso a la espalda, podréis llevar muchas cosas y bajaréis el centro de gravedad, dando a la bici más estabilidad. Una bolsa triangular para el cuadro y una alforja para el manillar os darán todo el espacio que necesitéis.
- Herramientas: en el campo no hay talleres de bicis, ni siquiera en muchos de nuestros pueblos. Debéis llevar un equipo mínimo de herramientas y repuestos que os permita resolver las averías más frecuentes: pinchazos, desajustes, etc.
Una vez que tengáis vuestra bici sólo os queda soñar, planificar y salir con ella. Os recomiendo que aprendáis de mecánica, y que os atreváis a mantenerla vosotros mismos, lo que os proporcionará una enorme autonomía. Yo ya tengo un próximo reto: el Camino de Santiago. ¿Qué os gustaría hacer a vosotros?


Que grande eres hombre descalzo. Tomo tus consejos bien en serio y me son muy útiles. Abrazos del músico que amaba escuchar gaitas en plazas renacentistas.
Ahora nuestro norte nos pilla a medio camino. Abrazos de músico, amigo Gonzalo.