
Volver del supermercado es una experiencia terrible desde cierto punto de vista. Supongo que os ha pasado que habéis entrado por la puerta con varias bolsas, y al ir a colocar la compra habéis llenado una de ellas, sólamente con envases vacíos, casi todos de plástico y todos inútiles.
Cuando se nos estudie en un futuro seremos conocidos como la cultura del plástico. Se trata de un grupo de sustancias derivadas del petróleo, de una gran utilidad por su bajo precio, facilidad de trabajo, versatilidad, ligereza, impermeabilidad, etc. Pero de las que hemos abusado, generando un problema ambiental peocupante. Las aguas y el viento lo arrastran muy fácilmente, haciéndolo llegar a casi cualquier rincón del planeta, y convirtiendo al mar en un basurero, como la trístemente célebre isla de basura del Pacífico.
Cada vez somos más conscientes de nuestra responsabilidad en relación con los plásticos, aunque resulta casi imposible no utilizarlos ni tenerlos presentes: tejidos, instrumentos de todo tipo, juguetes, vehículos, ordenadores, envases… los tienen como material esencial. Pero el principal problema, desde mi punto de vista, es qué hacer con ellos cuando se transforman en residuos. Su degradación es muy lenta y genera microplásticos, que llegan a penetrar en el interior de los organismos vivos.
Entonces, ¿qué podemos hacer al respecto de los plásticos domésticos? La solución no es nada fácil, pero siempre hay algo que está en nuestras manos. Ahí van algunos consejos para reducir su consumo:
- No aceptes bolsas en el comercio, salvo que sea necesario. Si puedes llevar algo en la mano o en una mochila o bandolera, ¿para qué embolsarlo?
- Elige siempre que puedas bolsas de papel. Son resistentes, reutilizables y biodegradables.
- Procura llevar contigo bolsas reutilizables, aunque sean de plástico. Es preferible reutilizar que consumir.
- Vigila el envasado. A menudo compramos siguiendo el rótulo: «nuevo, ahora más fresco, en cómodos envases individuales». Una bolsa de bolsas de magdalenas genera una enorme cantidad de plástico innecesario. Valora si el precio de un dulce tierno vale los años que tardará su envoltorio en desvanecerse.
- Repudia la fruta pelada, cortada y envasada. Yo he visto mandarinas peladas y embolsadas, toda una aberración para una fruta que ya viene protegida desde el árbol por una cáscara fácil de retirar.
- Abre los envases con sentido: no desprendas completamente una parte del envoltorio, déjalo simplemente rasgado. Así, cuando lo tires será un trozo único de plástico, y no dos (más fácil de manipular y de reciclar).
- Evita la práctica del usar y tirar. Si vas a hacerlo, elige vasos de cartón y platos de madera. Pero, siempre que puedas, opta por bienes duraderos y reutilizables.
- Da una segunda vida a los envases. Pueden ser excelentes fiambreras, semilleros, cajas de almacenaje o incluso terrarios (muy prácticos para cualquier naturalista).
- …
Piensa con generosidad. No se trata de volver a la Edad de Piedra, sino de vivir con responsabilidad, sabiendo que el mundo en el que vivimos no nos pertenece, sólo nos alberga, y será el lugar donde vivirán las futuras generaciones. Este planteamiento sostenible es otra manera de elevar al otro, en este caso al otro que aún no está.
Así que detente, mira, observa y actúa. ¿Qué está en tu mano hacer? ¿Cómo puedes reducir tu impacto con respecto a los residuos? ¿Puedes ayudar a que otras personas despierten? Seguro que se te ocurren muchas maneras de contribuir.













