
Hoy traemos uno de mis documentales favoritos, titulado «Nómadas del viento». Narra la historia del increíble viaje que, cada estación, protagonizan las aves migratorias en nuestro planeta, desde las latitudes altas hasta las zonas cálidas, en otoño, y hacia las áreas circumpolares en primavera. Se trata de una película francesa de 2001, codirigida por Jacques Perrin, Michel Debats y Jacques Cluzaud.
Los protagonistas de esta película son, muchas de las veces, anátidas (principalmente ánsares, éideres y cisnes), pero también podréis ver cigueñas, pelícanos y grullas, volando por Europa, Asia, América y África, según las especies. A lo largo de la misma irá deteniéndose en cada una de ellas para contar la historia de su propio viaje.
De este documental hay varias aspectos destacables. El primero de todos es la increíble perspectiva de las tomas. Los directores lograron que el espectador casi se sienta como una ave, volando a su lado. Las tomas acompañan a las bandadas en plano vuelo. Puedes ver el sutil movimiento de las plumas en el planeo, e incluso la respiración con los picos entreabiertos.
El segundo de ellos es la fotografía. Los escenarios son diversos e increíbles: la dehesa ibérica, los arrozales asiáticos, el desierto del Sáhara, las llanuras americanas, el ártico, e incluso ciudades como París o Nueva York. Los pasisajes acompañan a las migraciones, dando una idea clara de la inmensidad de los desplazamientos y del poder de la intención de unos animales movidos por una fuerza oculta, misteriosa e imparable.
Otro gran ingrediente es la banda sonora de Bruno Coulais, hecha casi completamente de canciones orquestadas llenas de nostalgia, de fuerza, de libertad y de esperanza. Casi no hay narración, el sonido es la música y la voz de las aves, que se entrelazan en un canto continuo.
Es una cinta que me conmueve profundamente por su enorme sensibilidad y dramatismo, que se inicia en la primera secuencia y llega hasta el final mismo. La historia de las aves se mezcla con la historia de las personas, como habitantes de un mismo planeta. Tengo en mi retina la visita de unas grullas a una anciana en la dehesa, que evoca el reencuentro de unos viejos amigos.
Es fácil imaginar las dificultades que entrañó el rodaje del documental, que se prolongó durante cuatro años, y que requirió de la participación de una gran red de más de 140 colaboradores en más de 40 países. El enorme valor educativo, su gran calidad (fue nominado a los Oscar en 2002) y su increíble fuerza hacen de «Los nómadas del viento» una película para ver en familia y para trabajar en educación ambiental. Seguro que uno de estos fines de semana otoñales de castañas y chimenea (o brasero) esta sugerencia no os defraudará.










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