
Todos hemos vivido al menos una vez en la vida la sensación de acariciar un sueño. Da igual si es un objetivo material, espiritual, sentimental… Para nuestra mente y para nuestras emociones no hay diferencia. Cuando soñamos con algo ponemos en eso nuestro corazón. No se trata de un simple deseo, de algo que nos gustaría, pero que si no se materializa tampoco pasa nada. El sueño verdadero es aquel con el que nos comprometemos de verdad, y por el que estamos dispuestos a pagar todos los precios. Es ese que podemos casi tocar cuando cerramos los ojos, el que recreamos con la imaginación, y que al hacerlo sentimos una emoción indescriptible, como si ya se hubiese dado. Ese sueño es el objeto de la intención consciente.
Pero también puede habernos pasado que, en algún momento de la búsqueda, nuestro sueño se ha desvanecido, como si la llama de una vela se hubiese extinguido o como si de repente esa vibración se hubiese detenido para convertirse en nada. A menudo me pregunto: ¿qué mata a los sueños? ¿Qué hace que deje de perseguir aquello que mi intuición me ha dicho a ciencia cierta que es lo que realmente quiero y que me va a hacer brillar? De nuevo la respuesta es el miedo, esa sombra siempre presente y tan capaz de empañar todo aquello que nos puede hacer grandes y expansivos como para iluminar a cuanto nos rodea y a cuantos nos rodean.
El miedo tiene muchas expresiones, y ya hemos hablado de él en muchas ocasiones. Pero en no pocos casos aparece vestido con una capa gris raída: la escasez. El pensamiento escaso es una creencia que nos martillea con mensajes cortos, sencillos y tremendamente efectivos para anular nuestra voluntad:
- No tienes suficiente dinero.
- No estás suficientemente preparado.
- No conoces lo suficiente la situación como para tomar la decisión correcta.
- Si te va mal, no vas a tener suficiente para poder empezar de nuevo.
- No tienes suficiente que ofrecer a esa persona.
- Esa idea no es suficientemente buena ni es suficientemente novedosa.
- Eso no es para ti, porque no tienes lo suficiente.
- Etc.
En el momento en que aparece ese tipo de pensamientos oscuros, fácilmente hilamos con planteamientos lógicos que los respaldan, y que de una manera amable nos hacen desistir, porque… si no tienes suficiente basta con esperar un poco hasta tenerlo, para entonces ya ponernos en marcha. Con ese bálsamo, el pensamiento limitante se convierte en una idea suave de autoprotección, con la que cómodamente posponemos ese sueño que acariciábamos, y que en muchas ocasiones acaba por marchitarse o por perder valor en nuestro corazón. Y así, el océano de los proyectos humanos está lleno de naufragios ocurridos debido a una mirada escasa.
Últimamente he tomado consciencia de algo que para mí es muy revelador: «solo tengo una vida, y si no la vivo acabaré viviendo la vida de otra persona». Vivir consiste en tomar decisiones, en levar el ancla y navegar siguiendo mi propio rumbo, con libertad. Pero es imposible zarpar si no creo que mi barco puede flotar. ¿Cuál es entonces el antídoto al miedo vestido de escasez? Pues no es otro que el pensamiento abundante, la mirada de la abundancia. Se trata de una creencia absolutamente opuesta, y que consiste en considerar que siempre está para nosotros todo aquello que requerimos para llevar a cabo cualquier proyecto. El Dr. Dyer ha escrito muchísimo sobre un campo infinito de posibilidades que el llama «el campo de la intención», al que es posible estar conectado permanentemente y que nos proporciona todo lo necesario. Es lo que el cristianismo llama la Providencia. No importa el nombre que le demos, ni siquiera es importante si es real o no (aunque para mí sí lo es). La raíz de su valor está en que la mirada de la abundancia, el simple hecho de sustituir el «no es suficiente» por «está ahí todo lo que requiero» actúa como una piedra filosofal que transmuta el miedo en ilusión, y nos aleja automáticamente de la parálisis.
¿Y cómo podemos instalarnos en el pensamiento abundante? Como casi todas las cosas maravillosas que nos suceden en la vida es increíblemente fácil: basta con estar atentos a la aparición del pensamiento escaso para inmediatamente elegir la mirada de la abundancia. Porque en ambos casos, escasez y abundancia, no son sino creencias. Es tan fácil creer que todo va a salir mal como creer que todo va a salir bien; es tan fácil pensar que no voy a tener suficiente dinero como confiar en que los recursos irán apareciendo conforme se requieran. Alguien puede considerar que esta reflexión es simplista, pero que en este preciso instante no tenga a mi disposición un determinado recurso no significa que ese recurso no exista. La clave estará en encontrar el mecanismo que me acerque a él, y los mecanismos son infinitos, inagotables, porque ni siquiera dependen de nosotros; todos tenemos la experiencia de algún problema resuelto por medios totalmente ajenos a nosotros, de esos que llamamos «caídos del cielo».
La mirada abundante es la mirada de la confianza, y confiar es entregarse sin miedo. Recordemos que el miedo es una emoción que nace de ponernos en una situación que aún no se ha producido, y que, por tanto, no existe. Nos protege de lo que aún no se ha dado, aunque su efecto sobre nuestro cuerpo y nuestra mente sí es absolutamente real. Puestos a elegir yo prefiero confiar en que el Universo me ha dado, me da y me dará todo lo necesario. Y al igual que la naturaleza no cuenta las flores, las hojas ni las gotas de lluvia, tampoco cuenta lo que yo requiero para hacer que un sueño se materialice. Y en el fondo, lo más verdadero para mí es que:
- Hay dinero más que suficiente, aunque yo no lo vea.
- Tengo toda la preparación que necesito para enfrentarme a un reto, porque es el reto en sí quien me va a preparar.
- No es necesario controlar todas la variables de una situación, ni siquiera puedo llegar a conocerlas todas; pero mi corazón y mi intuición son toda la guía que necesito… y la intuición nunca se equivoca.
- Incluso si no salen las cosas como esperas, siempre se puede volver a empezar.
- Eres un ser perfecto y completo, lo tienes todo, porque formas parte del todo, y quien realmente te quiere y te acepta, te valora y te aprecia por tu ser auténtico.
- Tu idea es única, porque tú eres un ser único, y solo por eso ya es extraordinaria.
- Hay recursos de sobra a tu alrededor para acceder a aquello que realmente es bueno para ti.
- Etc.
La próxima vez que te asalten pensamientos de escasez, ¿vas a darles crédito o vas a utilizar tu mirada abundante? ¿Hasta cuando vas a seguir autoconvenciéndote de que no mereces lo que la vida tiene preparado para ti? ¿Para qué eliges ver un universo que rebosa de todo desde una mirada escasa? Piénsalo. Yo elijo ver un campo infinito de posibilidades a mi alrededor, así como estoy dispuesto a recibir agradecido todo lo que está destinado a mí. Y si me asaltan las dudas sólo tengo que mirar las hojas incontables de cualquier árbol, para recordarme que este mundo al que pertenezco es un mundo que rebosa abundancia, y que todo está ahí, al alcance de la mano, si estamos dispuestos a recibirlo.


De verdad de la buena, así es.