
Dormir en la naturaleza es un placer indescriptible, que todo el mundo debería disfrutar al menos alguna vez en la vida. Te proporciona consciencia plena acerca de aspectos a los que no solemos prestar atención: los sonidos son completamente diferentes, debido a la ausencia del eterno zumbido de los electrodomésticos, del ruido sordo de los vehículos…, o por la diferente densidad del aire frío. No es silencio, sino señales más sutiles, suaves, que de otra manera permanecen ocultas. También la temperatura del aire; se siente la cara fría, en contraste con la tibieza del resto del cuerpo. Además, suele ser el remate de un día de ejercicio intenso, por lo que no es difícil conciliar un sueño reparador. Sin embargo hay un aspecto muy importante que considerar para lograr que la experiencia no sea la opuesta a lo descrito: es fundamental lograr el confort, pues si bien una noche en condiciones adecuadas es un placer, dormir con sensación de frío llega a convertirse en una experiencia interminable y verdaderamente desagradable.
Antes de la invención de los sacos de dormir, la noche en el campo se pasaba literalmente al abrigo de una manta de lana. La lana es una fibra de origen animal, normalmente obtenida de la borra de la oveja. Se trata de un aislante térmico natural, que atrapa el calor corporal de los animales. El ser humano ha utilizado esta fibra para crear tejidos muy efectivos para protegernos del frío, pero menos eficientes que otros aislantes naturales, como son el plumón de las aves. El mayor inconveniente de las mantas de lana es su peso, que las convierte en elementos de abrigo engorrosos. Además, la forma más eficiente de usar dichas mantas es ponerlas sobre el suelo, para aislar el cuerpo del frío y la humedad. Baden Powell, fundador del movimiento scout, advertía con un cuentecillo en verso: «Que debajo se pusiera bastantes mantas se le advirtió. Pero Tomasito sabía más, y de frío tiritó«. Por tanto son necesarias varias de ellas para dormir confortablemente.
Hace ya muchas décadas que contamos con los sacos de dormir, parte esencial del equipo de cualquier campista. Un saco de dormir es básicamente una bolsa de tejido en la que cabe todo el cuerpo. Esta bolsa suele estar cerrada mediante cremalleras, que permiten abrirla más o menos. El secreto del saco es que el tejido no es simple, sino que consiste en varias capas, al menos tres. La capa intermedia es un relleno térmico que, al igual que la lana de la oveja o el plumón del pato, atrapa el calor que emite nuestro propio cuerpo, manteniéndonos calientes durante la noche. Es como un nórdico o un plumífero completamente cerrado en el que cabemos totalmente. Lo más habitual y recomendable es poner bajo el saco un aislante para evitar la humedad del suelo.
La elección acertada de un saco de dormir es una cuestión muy importante si queremos pernoctar a la intemperie, y para ello debemos tener en cuenta una serie cuestiones. Dependiendo de nuestras costumbres o de nuestra intención, así deberá ser el saco a elegir: el mejor es siempre el más adecuado a nuestras necesidades reales.
La imagen que muestro a continuación corresponde a la etiqueta de mi propio saco:

Los elementos que contiene son los siguientes:
- Composición del tejido: sintético. Las capas interna y externa son de poliéster.
- Relleno: fibra sintética, con una densidad de 200 gr/m2.
- Medidas: 2,20 metros de alto, 80 centímetros de ancho y 50 centímetros de altura.
- Peso: 1,1 kilogramos.
- Temperatura de confort: entre +3ºC y -7ºC.
Cuando elijáis vuestro saco, mirad siempre la etiqueta, y desconfiad del que carezca de ella. Así conoceréis sus características técnicas. Suelen aparecer impresas en la funda o en alguna etiqueta visible. Es información que conviene conservar durante toda la vida útil del saco, pues suele ser habitual que haya que consultarlas antes de utilizarlo en algunas condiciones. Dicho esto, os presento a continuación cuáles son los aspectos más importantes a los que prestar atención cuando vayamos a elegir un saco de dormir:
- Destino: es la pregunta clave, cuándo, cómo y dónde voy a utilizar el saco. No es lo mismo pernoctar en la nieve a 3.000 metros de altitud que en la cama de un albergue en verano. No es lo mismo un uso esporádico que habitual. No es lo mismo llevar el saco en una mochila que en un maletero. Dependiendo de todo esto deberemos valorar si su peso, volumen o rango de temperaturas son los más adecuados.
- Material interior y exterior: el material externo suele ser sintético. El interior puede ser sintético o mixto, con mezcla de algodón. Los materiales sintéticos son más transpirables y ligeros. Tuve un saco con la capa interna de algodón, que acabó enmohecido. Aunque el tacto suele ser suave y agradable, también existen sábanas interiores lavables, algo así como un saco de algodón para introducir dentro del otro saco. Yo, particularmente, no lo he utilizado nunca.
- Relleno: existen normalmente dos tipos de sacos, los de plumas y los sintéticos. El plumón siempre ha tenido fama de mayor calidez, ligereza y confortabilidad, pero su mantenimiento es más complicado y su precio suele ser mayor. Las fibras sintéticas, sin embargo, son tremendamente efectivas y tanto su mantenimiento más fácil como su precio hacen de ellas una gran opción. Es muy importante tener en cuenta la densidad: mientras más gramos por metro cuadrado, más calidez, pero también más peso.
- Forma: existen diversas opciones, que van desde un sándwich (como un nórdico cerrado con cremalleras, que crea un saco rectangular) a un momia (tan sólo deja la cara al descubierto). Los momia permiten menos libertad de movimientos pero protegen más del frío. La opción de los momia ajustables (abren o cierran el espacio de la cara) es muy versátil. Por otro lado, uno tipo sándwich es una buena opción para dormir en camping en verano o en festivales de música.
- Peso y volumen: si vas a llevar el saco en un vehículo, el peso y el volumen no son relevantes. Pero si vas a llevarlo en una mochila sí que hay una diferencia importante.
- Tamaño: considera tu complexión. Una persona gruesa o muy alta necesita un saco en el que quepa, y aunque parezca una obviedad no siempre se tiene en cuenta esta cuestión. Es necesario poder cerrar completamente el saco desde dentro, para lo que debe existir cierta libertad de movimientos, y que podamos estirar completamente las piernas.
- Temperatura: los sacos están diseñados para proporcionar unas condiciones de confort dentro de un rango determinado de temperaturas. Un saco de verano utilizado en alta montaña puede provocar una hipotermia, así como un saco de alta montaña en un camping en agosto puede convertirse en una sauna portátil. Lo ideal es elegir en función del escenario de nuestras acampadas. Yo no duermo nunca en la nieve, por lo que no necesito un saco demasiado cálido. El mío me ha permitido dormir en media montaña en invierno y en alta en verano sin problemas. El extremo no suele ser la mejor opción casi nunca. Además, salirnos del rango recomendado tanto por arriba como por abajo no significa que vayamos a dormir mal o que vayamos a tener problemas, sobre todo teniendo en cuenta el punto siguiente.
- Material complementario: el saco no suele utilizarse por sí solo, sino que se debe acompañar de un buen aislante. La importancia de éste está sobre todo en evitar la pérdida de calor y la transferencia de humedad por el contacto directo con el suelo. Un aislante de goma es muy eficiente, barato y ligero. También los hay térmicos (con una capa de aluminio, para dormir sobre la nieve), autohinchables (más confortables pero más pesados), etc. Últimamente cada vez con más frecuencia se utilizan hamacas de tela de paracaídas. También se puede utilizar una funda vivac en sustitución de una tienda de campaña, que es una funda exterior de tejido hidrófugo (puede ser goretex), que nos aísla de la lluvia y del viento. La combinación del saco con cualquier otro elemento debe ser tenida en cuenta, ya que no es lo mismo dormir solo al raso que acompañado por más personas dentro de una tienda.
- Precio: existen varias máximas que suelo aplicar en todas mis compras. Una es: «no siempre lo más caro es lo mejor». Otra es: «lo barato suele salir caro». A la hora de elegir un saco debemos tener en cuenta las características reales de lo que necesitamos, en función de los puntos anteriores. Una vez que tengamos varios candidatos, entonces deberemos optar por la mejor relación calidad precio.
Si habéis elegido sabiamente vuestro saco, os garantizo experiencias muy valiosas, que podréis compartir con quien sepa disfrutar de esos momentos tan especiales como vosotros sabéis hacerlo. Si aún no tenéis vuestro saco, o si necesitáis cambiarlo, mirad, preguntad e investigad. Pedid opiniones de aquellas personas que os inspiren confianza, y consultad los miles de foros llenos de información útil que existen en la red. Y sobre todo tomaos el tiempo necesario para que vuestro saco de dormir se convierta en la mejor cama para el mejor dormitorio del mundo: la naturaleza.


Me encanta. ¡Gracias Joaquín! ¡Y enhorabuena!
Gracias a ti, Álvaro. Sabes que valoro mucho tu opinión.