
(1914-2002)
«El hombre que creía en sí mismo»
Aventurero y padre de la expedición Kon-Tiki
Thor Heyerdahl fue un hombre cuya vida me ha inspirado como la de pocos. Hace ya muchos años, siendo niño, cayó en mis manos una revista en la que aparecía un reportaje de la expedición Kon-Tiki. No acabé de comprender la importancia de que un grupo de gente construyera una balsa estrafalaria y se lanzara al océano. Con los años se cruzó en mi camino la película noruega «Kon-Tiki» (2012), que fue la que me tocó el corazón. Y con esas historia fascinante me adentré un poco en la vida de Thor Heyerdahl.
Thor Heyerdahl nació en Larvik (sur de Noruega), en 1914. Tuvo una vida bastante novelesca, aunque supongo que tal vez no entraba eso dentro de sus planes, ya que leí una entrevista en la que afirmaba que, si a los 17 años le hubiesen dicho que iba a recorrer el pacífico en una balsa, no se lo hubiera creído. Así que quiero imaginarlo como una persona amiga de sus propios miedos. Me explico: todos tenemos miedo, ya que es una emoción propia del ser humano. Pero lo que diferencia a los que llamamos «valientes» de los demás es que no dejan que el miedo los paralice, y siguen adelante a pesar de la vocecilla que te dice «no hagas esto, quédate como estás». Así que abrazó las oportunidades que le surgían o que él mismo fue creando.
«Algunas personas creen en el destino, otras no»
Thor Heyerdahl
Entre 1937 y 1938 trabajó como biólogo en las Islas Marquesas (Polinesia Francesa) para la Universidad de Oslo, centrado en las migraciones animales entre continentes. Más tarde, en la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) formó parte de una unidad paracaidista, es decir, un grupo de élite, experiencia que influyó en él proporcionándole formación, experiencia y autoconocimiento únicos.
Influido por sus observaciones en las Marquesas concibió la idea de que, igual que animales o plantas, el ser humano pudo haber utilizado en tiempos remotos el mar como vehículo. Convencido como estaba de que pudo haber contacto entre Sudamérica y Oceanía, Heyerdahl se estrelló contra el muro de los que decían que era imposible. Pero no se ahogó. Buscó los mecanismos y en 1947 emprendió la expedición Kon-Tiki.

Utilizando materiales y técnicas antiguas (exceptuando una radio, equipo de filmación, mapas, etc.), y contando con cinco acompañantes, viejos compañeros paracaidistas, partió de Perú y se dejó arrastrar por las corrientes hasta alcanzar el archipiélago de Tuamotu, en la Polinesia Francesa, después de recorrer más de 7.000 kms. en una travesía de 101 días. La filmación que ellos mismos hicieron se convirtió en un documental de enorme éxito.
Sucesivamente, y en la misma línea, emprendió aventuras similares, como las expediciones Ra I y II (1970) que le llevaron en dos intentos desde Marruecos hasta Barbados (en las Antillas) en una barca de papiro (para demostrar la posibilidad material del contacto entre África y América en la Antigüedad); y la Tigris (1977), conectando así el Valle del Indo con Mesopotamia y, con ellos, dos de los más importantes focos del Neolítico.
«El progreso es la habilidad del hombre para complicar la simplicidad»
Thor Heyerdahl
Thor Heyerdhal murió mayor, con 88 años, algo asombroso para alguien tan arrojado, y pasó sus últimos años en Tenerife. Su gran mérito fue la fe en sus visiones, el motor que le llevó a abrir una vía seguida posteriormente por muchos otros, que, inspirados por él, han llevado a término expediciones similares. Rodó documentales y escribió numerosos libros.
Sin duda algún día me gustaría volver la vista atrás y ver una vida tan llena de inspiración, de compromiso y de autenticidad. Al fin y al cabo, ¿quién no quiere ser como Thor Hayerdahl?
