
(1928-1980)
«El amigo de los lobos»
Naturalista y divulgador
Somos muchos los españoles que recordamos cómo un documental de naturaleza nos convocaba semanalmente delante del televisor. Aquella sintonía irrepetible de Antón García Abril encendía la chispa de la curiosidad y anticipaba un nuevo programa de «El hombre y la tierra». Es, con casi total seguridad, la gran obra de Félix Rodríguez de la Fuente, un trabajo audiovisual de divulgación que, desde mi punto de vista, cambió la manera de ver la naturaleza de todo un país.
Félix sí que era un naturalista descalzo, porque estudió medicina (era dentista, y ejerció como tal), y sin embargo aprendió por su cuenta y supo transmitir como nadie sobre naturaleza y etología, dibujando una estela seguida por personajes de tanto renombre como Joaquín Araújo o Jesús Garzón. Combinaba como nadie dos aspectos fundamentales: su dominio del lenguaje y su profunda pasión por la naturaleza. Era esa manera de expresarse pura, poética, accesible, rica y a la vez escrupulosamente científica la que hizo de él un gran comunicador. Ya en los años 70 del siglo XX, la televisión se había convertido en un fenómeno de masas en España, y fue el recurso que utilizó para entrar en los hogares y sembrar una semilla de admiración, respeto y amor por la vida que bulle en nuestros campos. Félix no se limitaba a mostrar y a describir, sino que involucraba al espectador en la vida de cada animal, haciéndolo coprotagonista y responsable a la vez.
Félix Rodríguiez de la Fuente desarrolló facetas muy interesantes, como fue la recuperación de la cetrería, es decir, la caza utilizando aves rapaces, para lo cual siguió las enseñanzas de las obras medievales de Don Juan Manuel o de Pedro López de Ayala, y demostrando así que la caza respetuosa es absolutamente compatible con la protección de la naturaleza. Una de las obras de referencia sobre este arte es precisamente su libro «El arte de la cetrería», tanto dentro comofuera de España.
Félix también logró transformar al lobo de una bestia sedienta de sangre en todo un símbolo de la vida silvestre. Crio varias manadas, que protagonizaron algunas de las tomas más conocidas de sus programas de televisión, y que ayudaron a transmitir lo que él consideraba «la verdad del lobo», un animal social, capaz de establecer vínculos afectivos profundos con los demás miembros de la manada, incluso si ese miembro era un ser humano.
Félix escribió y coordinó muchas obras, algunas de referencia como la «Enciclopedia Salvat de la Fauna», realizó numerosos documentales y programas de radio, promovió la protección de espacios naturales como Doñana o las Tablas de Daimiel, y de animales como el halcón peregrino, convirtiendo a España en un país pionero en este campo.
Félix murió prematuramente, en un accidente de avioneta cubriendo una carrera de trineos con perros en Alaska, y dejando un profundo vacío en la sociedad española. A sus 53 años había sido capaz de dejar un legado que todavía hoy permanece vivo, y que se tradujo, entre otras cosas, en la desaparición de los venenos de nuestros campos.
Félix Rodríguez de la Fuente ha sido siempre para mí un referente. Sigo viajando a mi niñez a través de sus programas, y sigo consultando su enciclopedia de la fauna. Hay pocos ejemplos tan claros del poder de la intención, y de lo que puede lograr una persona que sabe poner todo su corazón en aquello en lo que cree para dejar el mundo mejor que como lo encontró. Pero, sobre todo, nos hizo ver que, probablemente, la mejor manera de estar en la naturaleza es como parte de ella, y no como meros expectadores. Su imagen con Taiga el azor en el puño, junto a sus lobos, o tomando notas en uno de sus campamentos rodeado de sus colaboradores lo dicen todo de una persona que sólo pudo irse como se fue, volando sobre las tierras vírgenes de Alaska para seguir una aventura en la que las vidas del hombre y de los animales se funden, como siempre ha sido desde la noche de los tiempos.


Aquí una fiel seguidora de Félix Rodríguez de la Fuente. Comparto la admiración que sientes por su trabajo. Gracias por revivir en estas líneas a un personaje inmortal.
Creo que tuvo la capacidad de cambiar a muchas personas. Gracias, Bea.