
Las drogas son sustancias que alteran nuestro estado normal de consciencia, provocan adicción (crean necesidad de ellas) y hacen que desarrollemos tolerancia (cada vez necesitamos una dosis mayor para lograr el mismo efecto). El ruido reúne todas estas condiciones, y las personas que vivimos en este siglo nos hemos convertido en verdaderos adictos al ruido.
¿Qué sucede con esos ruidos que buscamos nosotros intencionadamente? Todos conocemos a personas cuya costumbre es encender la radio o poner la televisión para tener compañía (puede que nosotros mismos seamos uno de ellos o lo hayamos sido en algún momento de nuestra vida). Cada día somos bombardeados con miles de mensajes que van impactando contra nuestra mente, sin que ni siquiera seamos conscientes. Si escribís en vuestro buscador «cuántos mensajes publicitarios recibimos al día» veréis que no exagero. Acabo de hacerlo en este mismo instante y los datos son de entre 3.000 y 6.000.
Si analizáis con atención cualquier anuncio de lo que sea podréis daros cuenta de que difícilmente ofertan un bien o un servicio, porque su verdadero objetivo es provocar una emoción: sensación de éxito, poder, placer, seguridad, comodidad, alegría, exclusividad… Es decir, nos sometemos a un verdadero bombardeo emocional, cuyo objetivo es hacernos sentir escasos. Nos ofrecen el éxito haciéndonos sentir fracasados, poderosos mostrando nuestra debilidad, seguridad atizando nuestros miedos, exclusividad tocando nuestro sentimiento de vulgaridad… Y de una manera tan sutil que es casi imperceptible.
Ya hemos hablado en muchas ocasiones de la importancia de las emociones, que son el verdadero motor de nuestra existencia. Las emociones producen pensamientos, los pensamientos conducen a una acción y la acción provoca unos resultados. Por eso, nuestra calidad de vida va a depender directamente de nuestra calidad emocional. Así de sencillo.
Curiosamente es en las sociedades más desarrolladas donde encontramos mayores niveles de insatisfacción, depresión y suicidios. ¿Qué explicación podemos encontrar? Yo he escuchado y leído muchas, y todas llenas de sentido, provenientes de diversos campos como la sociología, la religión, la psicología, etc. Probablemente no exista una explicación única ni mucho menos sencilla, pero intuyo que es a nuestra dimensión emocional a la que más deberíamos atender. Cada vez que nos exponemos a ese bombardeo emocional estamos permitiendo que nuestra salud emocional se debilite, porque vamos asumiendo poco a poco, y con un nivel de tolerancia cada vez mayor, la idea falsa de que la escasez es la clave de nuestra existencia.
¿Podemos evitar esa sobreexposición al ruido emocional? La respuesta es un SÍ. Tal vez la única manera de evitarlo totalmente sería huir de la civilización, pero yo no contemplo esa posibilidad, no la elijo. Pero podemos reducir significativamente el impacto, a través de unas pautas sencillas, que se pueden convertir fácilmente en hábitos:
- Evita la televisión comercial y la radio de compañía. Elige en la medida de lo posible lo que vas a ver. Hoy día es fácil, a través de las plataformas disponibles o de internet, evitar los mal llamados «programas de entretenimiento». Hay películas, series, podcast y programas que alimentan el alma, y de los que podemos extraer valiosas enseñanzas y reflexiones. Siempre podemos aprovechar las ventajas que nos brinda la tecnología.
- Lee y escribe más. Procura evitar la ausencia de lecturas. Ten siempre a mano un libro. El tiempo que empleas concentrado en la lectura centra tu mente en ideas, no en mensajes cargados de emocionalidad interesada. Y ten a mano un trozo de papel: yo utilizo una ficha o una cuartilla como marcapáginas, y voy anotando todo lo que me resulta interesante. Es fabuloso descubrir que las ideas originales también son patrimonio tuyo.
- Escucha música. ¡No la radio! La música pone la banda sonora de nuestras vidas. Si el olfato crea recuerdos indelebles, la música establece vínculos emocionales, y nos transporta a otros momentos de nuestra vida. Nos ayuda a conectar con nosotros mismos, con nuestras emociones primigenias.
- Medita. Es una buenísima costumbre, sobre la que hablaremos más adelante. No requiere de posturas extrañas, vestimentas raras, ni de lugares especiales. Basta con centrarnos en nuestra propia respiración para conectarnos con el presente, y con unos minutos al día basta. A través de ella nos conectamos con nuestra intuición, que para mí es un pellizco de la Inteligencia Universal.
- Elige el silencio de manera consciente. Toma la decisión periódicamente de conducir con la radio apagada, de cocinar en silencio, y de hacer deporte sin auriculares. Esto te permitirá escuchar el sonido del mundo, de los pájaros, del viento y de las risas de los vecinos. ¿Has cambiado alguna vez la televisión por una chimenea?
Estos pequeños trucos no te mantendrán a salvo, pero te darán la posibilidad de ser consciente de una parte importante de los mensajes que recibes. Mientras más lo practiques más fácilmente podrás desactivar los efectos negativos de ese ruido pernicioso. Y así, podrás gozar de una salud emocional mucho más elevada.


Graciasss Joaquín, por eso elijo tantoo el campo y echar un tronquito a la hoguera…
Siempre que puedas!
Gracias ,aprendo mucho