
1914-2004
«El padre de la autosuficiencia moderna»
John Seymour es un personaje interesantísimo para todas aquellas personas interesadas en vivir de manera autosuficiente. No en vano es considerado por muchos como el padre de la autosuficiencia, si bien generaciones enteras que nos han precedido han sido genuinamente autosuficientes. Lo que diferencia a Seymour de los anteriores es que abandera la autosuficiencia como un estandarte de rebeldía frente al mundo moderno, abogando por un retorno a la tradición y a los conocimientos ancestrales desde la acción, y no desde planteamientos meramente teóricos. Para mí, John Seymour fue un rebelde constructivo y un visionario que supo ver en el retorno a la tradición una fórmula para vivir de una forma más plena y genuina.
Seymour nación en Londres en 1914, pero creció en una pequeña localidad costera tradicional en la que se gestaría su idea de vivir de forma sencilla en una casa pequeña, abasteciéndose de los productos de la agricultura y la pesca. Estudió Agricultura en la Universidad de Londres, lo que le proporcionó conocimientos técnicos que luego emplearía en su actividad como granjero autosuficiente. Con veinte años se marchó a Sudáfrica con el deseo de adquirir conocimientos, y allí trabajó como peón agrícola y con ovejas, para luego dedicarse a la pesca en lo que hoy es Namibia, la minería en la actual Zambia y más tarde en el mundo de la ganadería como inspector. Su contacto con el pueblo bosquimano le permitió conocer también el mundo de los cazadores-recolectores. Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, Seymour lucharía en África, Sri Lanka y Birmania, pero el uso de la bomba atómica supuso para él un fuerte impacto. A su regreso a Inglaterra entró en contacto con la radio, desde la que empezó su trabajo de divulgación. De la mano de la BBC viajó a la India, donde conoció el funcionamiento de las granjas de subsistencia, que inspiró su primer libro: El largo camino a la India (1951).
Sus experiencias habían hecho a Seymour adoptar una forma de vida un tanto bohemia; en 1954 vivía en un barco con el que navegó con su esposa, una ceramista australiana, por Inglaterra y Países Bajos. Al crecer sus hijas decidieron instalarse en tierra, y alquilaron una pequeña parcela de sólo dos hectáreas en la que comenzaron una experiencia de autosuficiencia. De todas estas experiencias iban naciendo sucesivos libros, como La Grasa de la Tierra (1961), y algunos artículos. A comienzos de los 60 se mudaron a una granja en Gales, en la que compaginó su trabajo de granjero con su actividad como autor. La publicación de el Libro Completo de la Auto Suficiencia (1976), fue todo un éxito, especialmente entre aquellos que apostaban por abandonar empleos estresantes buscando una vida más sencilla en una vuelta al campo.
John Seymour no sólo publicó decenas de libros, sino que creó series de televisión en los años 70 y 80 e impartió conferencias, todo ello en la línea de la divulgación y la concienciación ambiental. Numerosas personas iban a visitarlo a la granja para aprender de él, de sus métodos y de su filosofía, lo que condujo al nacimiento de la Escuela para la Auto-Suficiencia, ya en Irlanda, donde con 85 años se enfrentó a la todopoderosa multinacional Monsanto dañando una plantación de remolacha transgénica a finales de los 90. Sus últimos años transcurrieron junto a su hija en la granja de Gales en la que había vivido desde 1963. Allí murió en 2004.
Seymour es, para mí, uno de los autores más inspiradores de cuantos he conocido, ya que combinó a la perfección el trabajo manual y el intelectual, y eso aparece reflejado en su obra. Los libros de John Seymour combinan conocimientos, sentido práctico y un toque de humor delicioso. Fue un hombre polifacético (agricultor, ganadero, pescador, artesano, escritor, conferenciante, periodista…), comprometido con sus ideas, que supo abrir el camino de un sentido de la ecología práctico pero firme, basado en la acción y el ejemplo más que en la propagación vacía de ideas. Su Manual práctico de la vida autosuficiente (1976) es una obra que no puede faltar en la biblioteca de ningún naturalista descalzo.


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