
Hace muchos años quise ser duro y fuerte. Quise ser resistente a cualquier adversidad. Quise ser invulnerable. Tal vez en el fondo quería sentirme seguro, y rodeándome de una armadura podría evitar cualquier herida. Detrás de esa armadura mental, forjada de ideas y de creencias indestructibles, y que dejaba ver una mirada seria que no engañaba a todo el mundo, sólo palpitaba un niño asustado. Pero el precio de llevar una armadura pesada es el del desgaste emocional y psíquico, que en ocasiones pasa facturas difíciles de pagar, y que hace rozaduras en la carne del que la porta.
Pero un día fui acariciado por una idea diferente. Ese día, mi mente y mi corazón se tocaron, y descubrí mi verdadera naturaleza: la de un hombre amoroso. Supongo que debajo de la mayor parte de las armaduras eso es lo que hay, pero son muchos los que pasan por la vida hasta el final sin llegar a descubrir que toda armadura lleva correas y es de quita y pon. Aquel día me desprendí de la armadura y conecté con quien realmente soy. Recuerdo aquel preciso instante de renacimiento y de iluminación, y también recuerdo la sensación de las lágrimas resbalando por mi mejilla. El verdadero acto de valentía se da cuando te expones indefenso al mundo y te atreves a mostrarte tal cual eres. Si nosotros, que estamos discretamente de paso por esta vida, podemos acercarnos a la divinidad es sólo siguiendo un camino: el del amor.
Supongo que es una palabra sobre la que se ha escrito muchísimo. Para mí es una palabra de poder, hasta tal punto que muy difícilmente puedes decirle a alguien «te amo» sin sentir una especie de vértigo y de reverencia, porque en el fondo sabemos que no hay nada tan absolutamente poderoso como el amor. Para mí el amor es creación. Es lo que está detrás de los grandes logros personales. Las más grandes hazañas y los más grandes cambios se han producido movidos por esta energía, que nunca es destructiva porque siempre busca la unión y la creación.
El poder de amar reside en que carece de límites. Hace tiempo hablaba con mi madre sobre el amor a los hijos, y ella me explicaba que cuando tienes varios, el amor no se reparte entre ellos, sino que se multiplica por ellos. Esta reflexión encierra una enorme sabiduría: no importa a cuantas personas ames, mientras mayor sea su número más grande es la energía amorosa dentro de nosotros. Y empiezo a entrever que esa capacidad puede ser infinita. Además, para mí el amor es uno, sin adjetivos. Puedes amar a un amigo, a tu pareja, a tu padre, a tu hijo, a tu compañera de trabajo… La única diferencia está en la expresión externa de ese amor, porque en esencia amar es enfocarte plenamente en la otra parte, ser capaz de respetar genuinamente su esencia, y desear activamente todo lo bueno para esa persona, es decir, involucrarte en su bienestar.
Por todo esto, un verdadero acto de amor es siempre desinteresado, aunque proporciona un enorme beneficio: engrandece al que ama y también a quien recibe ese amor, creando un campo de círculos concéntricos que colisionan entre sí una y otra vez, como la lluvia en un estanque, llegando a transformar toda la superficie del agua.
Puesto que el regalo de amar reside únicamente en el privilegio de dar amor, su fruto más inmediato es la libertad; porque yo te quiero para ti, no para mí. Quiero que vueles, quiero que te expandas, quiero tu plenitud, y eso no se alcanza en una jaula, por más hermosa que pueda parecer. Pero al mismo tiempo el amor también es fuente de equilibrio, porque yo también me amo a mí, y no me resto, porque entonces se estaría creando una deuda entre tú y yo.
Visto así, creo que es imposible imaginar que el amor verdadero pueda dar malos frutos. Al revés, cualquier decisión tomada desde el amor es siempre la acertada, es la que nos conecta con ese Universo amoroso, esa Energía Universal, ese Dios, que todo lo da sólo por darlo, sólo por amor. Aprended a mirar con esas gafas a todos cuantos os rodean: pareja, hermanos, padres, hijos, sobrinos, amigos, compañeros… Y veréis cómo se crea a vuestro alrededor un campo de verdadera magia en vuestras relaciones, una magia que sólo puede expandirse y crecer a vuestro alrededor.


Qué gran artículo!
Estoy completamente de acuerdo.
Muchas gracias.
Buenos días! Pues eso, viva la vida y viva el amor! A cuidarse y a quererse a uno mismo primero y luego a los demás con esa energía amorosa que dices.
Abrazo de «oso amoroso» 😉
Que profundidad y cuanta sabiduria y vulneranilidad, un abrazo.
Oh, me encantó volver a regalarme momentos a través de ti.
Y me permito traer a este momento a un viejo que pasó por mi vida, que ya hace muchos años me dijo un día «por que yo te quiero pa tí», aquello me marcó, mucho más cuando lo comprendí
Un loviu, cuñao!!!
Amar también es dejar marchar. Respetar y compartir. Soñar.